La batalla de Waterloo (IV de XV)

Napoleon_bivouac_Wagram

14 DE JUNIO. LA ESTRATEGIA DE LA POSICIÓN CENTRAL.

Tal día como hoy, hace exactamente 202 años, Napoleón tenía ya su estado mayor fijado y el plan de batalla más o menos decidido, con lo que todo estaba listo para empezar a rular. El desplazamiento hasta la frontera belga de ciento y pico mil hombres (una verdadera ciudad en movimiento) sin que los aliados se enteren, figurará en los anales de la historia como otro más de los prodigios logísticos del corso, acaso el último verdadero golpe de genialidad de su carrera militar. La noche del 13, varias patrullas de centinelas prusianos han llegado a ver cierta concentración de fogatas de campamento que se extienden a lo largo del horizonte, pero ni se les ha pasado por la cabeza que los franceses, cercados como están, hayan planeado pasar a la ofensiva. Ni de coña Hans, no hagas caso, que deben de ser campesinos de la zona…

¿Y cuál es el plan de ataque de los franceses? En su cuartel general de campaña en Beaumont, el Emperador tiene dificultades para dormir (como siempre le pasa), así que se incorpora, enciende una lumbre y lo repasa todo mentalmente una vez más: él no quería luchar, al menos no de momento, pero en cuanto escapó de su destierro en Elba y volvió al poder, a primeros de marzo, las potencias aliadas le declararon la guerra (no a Francia, ojo, sino a él; ¡A ÉL en persona!), y empezaron a amasar una gran fuerza multinacional (Rusia, Prusia, Inglaterra, Austria, Bélgica…). Un macro-ejército que cuando logre reunirse invadirá Francia con cerca de setecientos mil hombres, llegando sin oposición hasta París y capturándole de nuevo. Por tanto, si Bonaparte quiere impedir esa catástrofe, no le queda más remedio que arremangarse y atacar mientras sus enemigos aún no están organizados del todo. De momento los aliados “sólo” cuentan con dos fuerzas en disposición de combatir: una prusiana de unos 130,000 efectivos al mando del veterano mariscal de campo von Blücher, y otra anglo-aliada de 105,000 dirigida por el Duque de Wellington.

Los objetivos de Napoleón: llegar cuanto antes hasta Bruselas dándoles una palera contundente a los aliados, infligiéndoles una derrota que de una tacada ponga a los Países Bajos de su lado, lleve a los ingleses a desentenderse del continente y aislarse en su isla, y obligue a prusianos y rusos a negociar la paz con Francia cada uno por su cuenta. Sin embargo, ¿cómo lograr dicha victoria? Los 128,000 hombres que finalmente seguirán al Emperador son bastantes menos que la combo de los anglo-aliados de Wellington más los prusianos de Blücher. Por tanto, la única posibilidad de Napo pasa por recuperar la estrategia de la “posición central”, que ya utilizase en la campaña de 1813, en la que un ejército francés agotado y sin caballería estuvo repartiendo sopas con honda a todas las potencias europeas a la vez (un poco como aquel número de las Secret Wars de Marvel, en el que Spider-Man le daba de hostias a toda la Patrulla-X en pleno) hasta que, ya derrengado, acabó por ser vencido en Leipzig.

Napoleon_Voltigeur_and_Carabinier_by_Bellange

Esta estrategia de la posición central es exactamente lo que parece: los franceses se meterán como una cuña entre los prusianos y los anglo-aliados, atacando por separado primero a los unos, y luego a los otros. De ese modo, en vez de una sola batalla en desventaja numérica Napoleón librará dos, pero ambas en superioridad. Si ejecuta bien el plan (y tiene serias posibilidades de lograrlo), ninguno de los dos ejércitos enemigos podrá reaccionar a tiempo para auxiliar al otro. Es más, dada la tendencia natural de toda fuerza militar a retirarse siguiendo sus propias líneas de suministros (las de los anglo-aliados llevan hacia el norte, a los puertos del canal, y las de los prusianos al este, hacia Namur y Lieja), si el primer ataque es lo bastante demoledor y pone en fuga al oponente, Wellington y Blücher quedarán todavía más separados entre ellos.

El Emperador imagina la situación y sonríe para sí. Todo lo que necesita es rapidez, sorpresa y suerte. Los dos primeros factores no le preocupan, pues corren de su cuenta; y del tercero, la diosa Fortuna le ha proveído en generosas cantidades a lo largo de toda su vida. ¿Por qué tendría que ser diferente ahora, en su momento de mayor necesidad?

(continuará)

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