Odio los juegos de ovejitas

Uno de los efectos colaterales que está teniendo el actual “zeitgeist” lúdico, en el que proliferan los blogs y los canales de You Tube que ofrecen reseñas sobre juegos, es que la especialización no acaba de caer bien. Hoy en día, para tener credibilidad al hacer crítica de juegos de tablero, tienes que parecer lo más ecléctico posible. Es lo mismo que ocurre en la crítica músical, cinematográfica o gastronómica: puedes demostrar un criterio infalible y un conocimiento enciclopédico hablando sobre cine fantástico, pero si no dejas claro que también te gustan los musicales de Fred Astaire y los dramas iranies, jamás conseguirás hacerte respetar al mismo nivel que un crítico de periódico. Sólo hay que ver la injusta diferencia de estatus y de caché entre, por ejemplo, Carlos Boyero y Jordi Costa (supongo que no hace falta que aclare de cuál de los dos me fío más).

En los juegos de mesa, ese sesgo llama más la atención porque ha empezado a ocurrir en tiempos recientes, cuando la cifra de títulos editados al año se ha disparado y el sector ha adquirido visibilidad. Pero por lo demás, es lo mismo. Hoy en día, si te dedicas a reseñar juegos parece que no puedas confesar que algunos géneros y subtipos sencillamente te la rempampinflan. Se te exige que juegues a todo y que te guste todo (el socorrido mantra de “No hay juegos malos”). Se espera de ti que de vez en cuando reseñes un party game, o hagas un “Especial juegos para los más pequeños”, o algo igual de didáctico y que deje claro que tú no te privas de nada, que disfrutas el universo de los juegos A TOPE, con un maximalismo orgiástico; y, por supuesto, si algún día se te ocurre hacer público un ranking de tus títulos “Top”, asegúrate de que sea tan variado como una ensalada vegana (confieso que yo aún no he encontrado el modo de alcanzar el estado de nirvana mental que hace falta para ser capaz de comparar el Pingüinos & Cia y el Twilight Struggle en una misma lista; seguiré esforzándome).

Me considero en general bastante flexible a la hora de ponerme a jugar. Soy una especie de punto intermedio entre mis amigos wargamers, eurofans y ameritrashers; y el pasado fin de año me llevé mi Código Secreto a Ferrol, a casa de mi “amiga no-jugona” Amaia, y triunfé: lloramos de risa echando una partida detrás de otra hasta que se nos hizo de día. Aún así me considero un jugador especializado, y al igual que todo quisque tengo filias y fobias. Entre las segundas se cuentan los juegos familiares y los muevecubos con temática de granjeros, ovejas y zanahorias. En mi listado de diez juegos preferidos (el día que lo decida hacer) habrán probablemente dos o tres títulos de Games Workshop, otros tantos wargames de Segunda Guerra Mundial y quizás algún cajómetro enorme de Fantasy Flight lleno de miniaturas de plástico. Lo que estoy bastante seguro que no habrá, ya lo digo ahora para evitar sustos, es ninguna variante del Cocoricó-Cocorocó, del Fantasma Blitz ni del Pictionary.

A ver, que no me estoy burlando de esos juegos. Sólo es que me la traen al fresco, nada más. No considero mi criterio como más elevado ni mejor que el de nadie… pero es el mío. Ni soy ni tengo intención de parecer equidistante, y desde luego no voy del palo “me gusta jugar a todo”. Por ejemplo, la mayoría de juegos de adivinar palabras me parecen intercambiables. Los jugaba hace 30 años abriendo páginas al azar de un diccionario y ahora me da la impresión de que alguien ha impreso esas palabras en unas tarjetas, las ha metido en una caja junto con un reloj de arena y os las está vendiendo por 25 euros. Si hablamos de productos con un poquito más de enjundia, no soporto el Carcassonne, el 7 Wonders ni el Aventureros al Tren. Sí, soy consciente de que para la mayoría de jugones es como si estuviera diciendo que no soporto a los minusválidos o a los refugiados sirios, pero qué le voy a hacer, esos tres títulos me producen una pereza no euclidiana, hasta el punto de que prefiero no jugar a nada antes que jugar a cualquiera de ellos (en parte es porque los tengo ya muy quemados, pero en realidad sus mecánicas tampoco me han parecido nunca la bomba). Aún más gordo: jamás he probado el Agrícola… y oye, tan pancho. No, no me interesa (la inmersión temática es importante para mí incluso en un juego abstracto; y la temática de Agrícola hace que me falte el aire sólo de pensar en dedicarle tres horas de partida). ¿Cómo te quedas? Sí, la conclusión obvia es que tengo prejuicios. Pero oye, no te preocupes porque tú también los tienes; y seguro que tampoco has jugado nunca a alguno de mis juegos de cabecera. ¿Has probado el D-Day Dice? ¿Y el W1815? ¿Y el Nuklear Winter 68? Pues ya está. Relájate, leñe, que esto es la mar de grande y aquí cabemos todos.

Lo que acabo de contar viene a colación de que, en la intro del videotocho que acompaña a este artículo, hay un momento en el que me pongo pedante y condescendiente, para qué negarlo. En concreto, me ocurre entre el minuto 1:40 y el 2:45, cuando digo que yo no reseño party games (excepción: sí que podría llegar a reseñar alguno de roles ocultos elaborados, estilo La Resistencia) ni juegos de contar ovejitas, y que para jugarlos tendría que alcoholizarme antes. Es probable que los fans de Sheepland y Una noche el Hombre Lobo se sientan ofendidos ante tal comentario. De hecho, estuve a punto de cortar esa parte o añadir un “disclaimer” aclaratorio para quitarle hierro. Porque, bueno, esto es You Tube y en el fondo todo el mundo quiere caerle bien a su audiencia, y tal. Pero luego pensé que, oye, al fin y al cabo soy como soy, y que de hecho está bien desnudarse y dar opiniones fuertes en las que crees. Tampoco es que sea tan original, hago lo que hace todo el mundo en una charla de carajillo con los colegas: decir que lo que me gusta a mí es lo mejor y rajar del resto.

Porque llevo toda la vida tirando dados, robando cartas, moviendo fichas y hablando sobre ello de un modo u otro (empecé a jugar “de manera oficial” en un club a mediados del 85, y publiqué mi primer artículo fanzinero un par de años más tarde); así que sí, es posible que tenga un gusto pésimo, pero en todo caso mi nulo interés hacia ciertos subgéneros y temáticas de juegos (¿Qué narices le pasa a todo el mundo con los juegos sobre trenes?) no invalida en absoluto mis opiniones ni mis conocimientos respecto a otros tipos de juegos distintos, que son justo los que reseño. Aunque jugar a Bang! me parezca una pérdida de tiempo, eso no me incapacita lo más mínimo para analizar Blood Rage o Catacombs. Porque las filias y fobias personales son una característica intrínseca a la hora de hacer crítica, no un lastre. Tom Vasel no puede con los wargames densos, del mismo modo que Rahdo no soporta los juegos de mayorías y en Shut Up & Sit Down llevan relativamente mal cualquier cosa que huela a “ameritrash” (aunque en el caso de estos últimos haya algo de pose, porque hacen una reseña poniendo a parir Eldritch Horror y tiempo después se cascan una videopartida en la que se les ve divertirse como enanos con el juego). Los tres hacen unas reseñas jodidamente buenas y tienen una capacidad de análisis afiladísima. Lo demás me importa más o menos lo mismo que a Rhett Butler las lágrimas de cocodrilo de Scarlett O’Hara al final de Lo que el viento se llevó.

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10 pensamientos en “Odio los juegos de ovejitas

  1. Me ha gustado la entrada, eso lo primero.
    Ahora, sí que es fácil entender (para mí) meter juntos a Twilight Struggles y un Pingüinos y Cia en un mismo Top10. Cuando me siento a jugar, no siempre digo: tú sabes lo que necesito, tres horas de acabar con el comunismo. A veces, solo a veces, apetece también ponerse a jugar a algo abstracto, sencillo y que tarda un montón en montarse, durante tres horas. Uso estos juegos por que los usas tú (y porque ambos me gustan, sea de paso), pero nuestros top10 intentan ser variados porque nosotros intentamos variar mucho de juego, no tanto como para meterme a jugar a cosas que solo tengan siglas y años en el nombre, pero sí que ponemos algún eurogame que nos guste mucho, abstractos y juegos ultratemáticos. Tenemos nuestro nicho de amor (que se llaman juegos de deducción y narrativos), pero nos gusta salir, estirar las piernas, cambiar el sabor de la piruleta, y volver con el paladar fresco a volver a disfrutar de lo que ya sabemos que nos encanta.
    Por lo demás, muy de acuerdo, y también disfruto mucho de los buenos reseñadores (y su video de Star Realms me gustó mucho, sea todo dicho, aunque no comparta “del todo” su opinión).

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  2. Enhorabuena de nuevo. Esas tomas en la mesa comiendo y explicando te hacen muy cercano.

    El Dale no lo he probado, pero el Flick’em up, si que tiene claroscuros. 1º debería traer protecciones para que no se vaya la bala, aunque supongo que subiría el precio; nosotros ponemos las manos ; 2º lo del movimiento en muchos casos hay un bando que le toca moverse, para ganar, si quieres entrar en la historia, quizás generando un escenario más compensado (con las opciones de ambidiestro, dinamita, etc) sale a cuenta meterse en los edificios a unos y a disparar a otros (de hecho el número de turnos está bastante ajustado). No obstante, el movimiento es lo que hace que un buen flickeador lance flojito para que su movimiento sea exitoso. 3º Los duelos los jugamos más cerca de lo que dice el reglamento para no estar eternamente disparándonos.
    Y podríamos hablar de más puntos, negativos y positivos, pero tampoco son tan importantes.
    Entiendo que ante la avalancha de juegos actual, esos puntos que dices podrían estar más estudiados.

    No obstante, y a pesar de todo, si para mí el Flick’em up es un notable, estoy deseando probar el Catacombs (lo de las vallas ya es un punto a favor).

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  3. Buen videotocho, de nuevo. Felicidades.

    Flick’em up parece que no sólo pide una par de reglas caseras, sino tal vez un tapete como los del poker, un poco “peludo” que le de un punto irregular al terreno, pero que te lo iguale todo. A mi es que me encantan los westerns, así que me ha caído simpático.

    Y el Dale, a la lista. Voy a tener que dejar de ver tus vídeos, cada vez tengo más cosas en la lista.

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  4. A mi me gustan mucho tus videos por la misma razon que me gusto tu presentacion de La Guerra del Anillo hace poco en Dr Game: porque se nota que amas los juegos de mesa. ¿No es esa la razon por la que nosotros los frikis nos juntamos y nos buscamos unos a otro en este mundo de gente estirada?

    Sigue con el buen trabajo

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