Diumenge de Rams

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En el verano de 1978 yo tenía 9 años (a punto de cumplir 10), y en los cines de toda España se estrenaba la comedia dirigida y protagonizada por Warren Beatty El cielo puede esperar, remake de la muy entretenida El difunto protesta (Alexander Hall, 1941). Por aquel entonces Warren Beatty era una estrellaza de Hollywood cuyo anterior filme, Shampoo, había reventado la taquilla y le había valido una nominación a los Oscar (como guionista) y otra a los Globos de Oro (como actor de comedia). El cielo puede esperar suponía, además, su debut tras la cámara.

Por tanto, la película se estrenó a todo trapo en Barcelona, en el cine Coliseum (uno de los más grandes de la ciudad), con un cartel gigantesco presidiendo la fachada. Era una ilustración extraordinariamente detallada (obra de Birney Lettick, autor de muchas portadas para la revista Time), en la que se veía al protagonista vestido con chandal y zapatillas de deporte, mirando en actitud casual un reloj de mano, mientras ignoraba las luces celestiales que se anunciaban a su espalda. Lo que llamaba más la atención, no obstante, lo que le daba toda su fuerza visual y tenía capacidad para disparar la imaginación de un niño, eran las gigantescas alas de ángel con las que estaba equipado el personaje. En conjunto, parecía un superhéroe en su día libre. Es una ilustración de otra época, de una escuela que hoy apenas existe, de cuando los posters de cine eran pequeñas obras de arte que decían algo, que te intrigaban y te arrastraban a comprar una entrada. Hoy todo son putas fotos de cabezas flotantes.

Yo pasaba a menudo por delante del Coliseum, y siempre se me quedaban los ojos clavados en el cartel, como si fuera un perro viendo una ristra de salchichas. Aquella imagen me generaba una fascinación y una curiosidad tremendas, y no me la quité de la cabeza hasta que por fin conseguí ver la película (al año siguiente, en un cine de verano en Tossa de Mar). Para ser una comedia romántica, me folló la mente más allá de toda lógica. Por algún motivo que ignoro se fijó en mi subconsciente hasta el punto de que aún hoy, cuatro décadas más tarde, se me hace un nudo en la garganta sólo con escuchar el estupendo tema musical de Dave Grusin.

De todos modos, más allá de la calidad de El cielo puede esperar como comedia con toques de género fantástico (a mí me parece que es estupenda y que le da sopas con honda a la original), lo que más me llamó la atención fue su trasfondo de fútbol americano: en principio el personaje central debía haber sido un boxeador, al igual que en la película de 1941, pero la negativa de Muhammad Ali a protagonizarla llevó a Beatty a asumir él mismo el papel, modificando la trama para que fuese el quarterback titular del equipo de fútbol americano Los Angeles Rams. Aunque en los años 70, en España, el fútbol americano era tan desconocido como el sánscrito, a mí eso me dio igual; con lo que yo me quedé prendado de inmediato fue con el equipamiento de los Rams y en especial con su casco, de un llamativo color azul y decorado por unos espectaculares cuernos amarillos. Me hice fan de los Rams antes incluso de hacerme aficionado 09000d5d8201f90a_gallery_600al fútbol americano. Fue, simple y llanamente, un puñetero flechazo. A día de hoy los Rams siguen siendo mi primer equipo deportivo, por delante incluso
del F.C. Barcelona. Cambiaría sin pensarlo
un instante todas las Champion Leagues blaugrana por otros tantos trofeos Vince Lombardi para los Rams (que desde el año 1995 ya no están en Los Angeles sino en St. Louis, aunque últimamente abundan los rumores acerca de su retorno a la soleada California). Mis amigos dicen que estoy chalao. Yo les respondo que tenía 9 años.

Uno se engancha a un equipo deportivo por razones muy diversas, aunque casi todas tienen que ver con vínculos emocionales y/o familiares. En el caso de los equipos de tu ciudad o tu país natal la conexión es evidente, pero en cuanto a los equipos de ligas americanas, que difícilmente has mamado desde pequeño (en especial la NBA y la NFL), acostumbran a establecerse nexos singulares, y suelen tener que ver con la admiración que despiertan los ganadores. Así, quienes descubrimos la NBA en los 70 y principios de los 80 nos hicimos de los L.A. Lakers (Magic Johnson, Abdul Jabbar…) o de los Boston Celtics (Larry Bird, Kevin McHale…), mientras que quienes la descubrieron una década más tarde se hicieron de los Chicago Bulls (Michael Jordan y otros cuatro tíos que jugaban a su lado). De manera similar y hablando ya de fútbol americano, en España hay mucho aficionado veterano de los San Francisco 49ers y de los Cincinatti Bengals, porque fueron los dos rivales que se enfrentaron en la primera Superbowl que se televisó por estos lares, a finales de los 80 (recuerdo haber visto la emisión por TV3); y quienes empezaron a ver dicho deporte a principios de los 2000 se hicieron casi mayoritariamente de los New England Patriots, que en aquel entonces eran la fiebre a seguir.

Kurt WarnerLo de los Rams, en cambio, es muy curioso. A lo largo de mi existencia, a base de charlar sobre la NFL aquí y allá, me he encontrado con
un puñado de tipos de más
o menos mi edad que son seguidores del equipo, con un nivel de fanatismo parecido al mío (no diré que igual, porque yo rozo lo psicótico); y casi todos se convirtieron a la fe verdadera tras haber visto El cielo puede esperar a una edad en la que aquello tenía capacidad para afectarles profundamente. Somos de los Rams porque les vimos en una película, cuando ni sabíamos a qué deporte jugaban. Nos hicimos fans muchos años antes de tener la posibilidad de verles en acción, sin saber si eran buenos o malos; sin saber, de hecho, que se trataba de un equipo básicamente perdedor. No conozco muchos casos similares, y creo que el hacernos conscientes de este detalle nos llevó a encariñarnos con ellos mucho más de lo que sería razonable. Los Rams solo han ganado una Superbowl en sus 79 años de historia. Fue en 1999, contra los Tennessee Titans, y yo no puedo volver a ver los dos últimos minutos de aquel partido sin que se me humedezcan los ojos por las lágrimas. ¿Otro ejemplo? Uno de los momentos de mi vida en los que he sentido más orgullo, genuino y honesto orgullo, fue en abril del 2012, cuando Torry Holt, ex-jugador mítico de aquellos Rams campeones y que en ese momento militaba ya en otro equipo, decidió dejar definitivamente el deporte en activo. El día antes de anunciarlo en rueda de prensa firmó un contrato de 24 horas de duración con los St. Louis Rams, para poder retirarse como jugador del club de sus amores. Si algún día Torry Holt necesita un trasplante de riñón, solo tiene que ponerse en contacto conmigo.

temp460102684--nfl_mezz_1280_1024¿Y cuál es exactamente el motivo de esta entrada de blog, aparte de explicar una colección de batallitas que van de lo irrelevante a lo directamente moñas? Pues que estamos en vísperas de Semana Santa y hoy en Catalunya ha sido Diumenge de Rams, una festividad que lógicamente, como fan fatal de dicho equipo, observo con especial fervor, y que me impele a hacer públicos unos versículos en recordatorio de aquella única Superbowl que nos llevamos a las vitrinas, hace ya demasiados años…

PADRE NUESTRO DE LOS RAMS
Nick Foles que estás en el huddle,
santificadas sean tus estadísticas,
vengan a nosotros tus touchdowns,
hágase tu voluntad,
Así en el Edward Jones Dome como en campo ajeno.

Las trescientas yardas de pase en cada partido,
dánoslas hoy,
y perdona nuestros insultos,
así como nosotros perdonamos tus intercepciones.

No nos dejes caer en el partido de wild card,
y líbranos del fumble,
Amen.



HECHOS DE LOS RAMS 2, 14-15

Entonces Kurt Warner, puesto de pie en medio de los once, levantó la voz y se expresó así: 4-21-13, formación en shot gun, play action hacía la derecha. ¡Hut-hut-hut!

Y he aquí que cuando Warner recibió el snap, un jugador de los Titans rebasó la linea en acción de blitz, y ya abalanzábase sobre Warner, presto a lograr el sack, cuando del cielo surgió un rayo de luz por entre las nubes, y escuchó Warner una voz que le decía así:

Y sucederá en los últimos tiempos,
que derramaré mi espíritu sobre todos los hombres.
Y obraré prodigios arriba en el cielo,
y milagros abajo en la tierra:
sangre, y fuego, y nubes de humo.
El sol se convertirá en tinieblas,
y la luna en sangre,
cuando llegue el día del Señor,
día grande y preclaro.
Y sucederá,
que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
Y por cierto, Warner,
cambia la jugada a carrera,
que te van a hacer sack y vas a perder doce yardas,
y no en vano estáis ya en tercera y siete,
oh imbécil.

Y ocurrió que Warner, así inspirado, cambió la jugada sobre la marcha y cedió el balón a la mano a Marshal Faulk; y dícese que Faulk, en recibiendo el balón, corrió muchas yardas antes de caer placado. Y que aun en cayendo, viose que había superado la línea de anotación, y que por ello a los Rams les fue concedido el touchdown. Y prodújose mucho alborozo en Saint Louis, y mucha zozobra y crujir de dientes en Tennessee. Y así ocurrió, que los Rams ganaron aquella Superbowl a los Titans.

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2 pensamientos en “Diumenge de Rams

  1. Querido Chema:

    Me se de memoria tu explicación de como te hiciste fan de los Ram, igual que tu te sabes el por qué me hice de los Bengals, evidentemente cuadra por completo con lo que comentas aquí, al menos en mi caso (lo de los Bulls también, por cierto).

    SI hablamos de equipo perdedor, creo que los mios se llevan la palma (de rams y tal), ya que ni siquiera las dos veces que han llegado a la SB han podido hacer nada, las dos veces contra los 49th, las dos veces contra Montana, un desconocido la primera vez, una bestia las dos veces. En mi memoria siguen grabados los últimos 45 segundos del segundo partido, en que se cruzo el campo, y remonto el resultado.

    En fin, que el domingo de Rams no es lo mismo sin tus horaciones, amigo 😉

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  2. Pingback: La historia según Chema Pamundi (y IV) | Yo no soy Chema Pamundi

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