Juegazos a pesar de ellos mismos

El panorama de los juegos de mesa ha mutado de manera radical en la última década, con una oferta de títulos que se ha disparado casi de manera exponencial; y lo más curioso es que ya empieza a haber bastante gente vinculada al mundillo (desde diseñadores hasta blogueros) que no han vivido la etapa previa a este cambio de paradigma. No conocen nada anterior a Dixit y Aventureros al tren (salvo por las reediciones, claro). Les hablas de Avalon Hill, Victory Games, GDW y demás editoriales antediluvianas (que es el equivalente a decir “antes todo esto era campo”) y les suenan a klingon. Pero sin embargo probablemente hayan probado muchos más juegos distintos en los últimos cinco años que yo en mis primeros quince como jugón (a mediados de los 80 me compré el Russian Campaign y lo rejugué hasta que se le destiñeron las fichas).

Por fuerza, el hecho de que te hayas aficionado a los juegos de tablero antes o después de la avalancha que vivimos en la actualidad (digamos pre o post-2008, por marcar la frontera con la aparición de dos “game-changers” como Dominion y Agricola), tiene que haber moldeado el tipo de jugador en el que te has acabado convirtiendo. Generalizando muy a lo bruto (Demagogue Mode ON), podría decirse que los jugadores nuevos tienen mayor flexibilidad mental y probablemente mayor capacidad de abstracción, pero los jugadores viejunos somos más pacientes y más constantes. No me refiero en este caso a que seamos capaces de enchufarnos reglamentos más complejos o de jugar a juegos más largos, que también (la verdad es que no me imagino a nadie menor de 30 años con arrestos suficientes para ponerse a tontear con un Freedom in the Galaxy o un Pacific War por ejemplo), sino a que somos más proclives a relativizar los defectos de diseño de un juego… y seguir jugándolo (y divirtiéndonos) pese a ellos. No es por falta de espíritu crítico, de hecho las más de las veces somos bien conscientes de que lo que estamos jugando no hay por dónde cogerlo. Pero si la temática y el formato nos motivan, tenemos unas tragaderas descomunales. Sobre todo si salen nazis. O, en mi caso, si sale Napoleón.

Verbigracia: Napoleón in Europe, un precioso wargame multijugador de la editorial Eagle Games (experta en publicar juegos tan bonitos como mal testeados), que cubría todas las guerras napoleónicas por campañas, con trescientos soldaditos de plástico y un tablero de tres pistas. Una especie de Axis & Allies cebado para la matanza. Me lo regalaron por mi cumpleaños en el 2002. Aparte de tener una duración interminable, el reglamento estaba claramente descompensado, tenía tantos agujeros que era más fácil volver a escribirlo que recopilar una fe de erratas; y eso justamente fue lo que hice, cascarme mi propia versión de las reglas, reescrita de arriba a abajo, completamente maquetada y encuadernada. Cuando me meto en estas cosas, me meto a fondo.

Lo redacté mezclando varias fuentes: mantuve lo poco que me gustaba del manual original, le añadí bastante matraca de un reglamento alternativo cojonudo (Charge the Guns!) creado por otro fan, y salpimenté el mejunje resultante con unas cuantas reglas caseras que vi en los foros de BGG y que me hicieron gracia. Total, sesenta páginas de faena. Cada vez que lo jugaba ponía a prueba nuevas reglas caseras para ver si funcionaban, en cuyo caso las redactaba en limpio y las añadía al “vademecum”. Ni siquiera colgué en internet todo ese currazo, me limité a imprimir copias para los cinco o seis amigos con los que solía jugarlo por aquel entonces (con los años y las migraciones informáticas los archivos digitales se han perdido y ya sólo me queda mi propio ejemplar en papel). Fue un simple proyecto por amor al arte, para intentar salvar un juego cuya temática, presentación y formato me ponían palotísimo, pero cuyas reglas dejaban bastante que desear. Desde el 2010 no he vuelto a convencer a nadie para volver a jugar a Napoleon in Europe y, sinceramente, ya no creo que lo consiga nunca. Me gustaría poder decir que lo que hice fue excepcional, pero no es así ni de lejos. Casi todos los que empezamos a jugar hace más de 30 años hemos cometido alguna chaladura de estas (conozco a un tipo que lleva desde 1987 actualizando y puliendo su propia versión consolidada de las reglas de Magic Realm; doscientas y pico páginas).

Lo que sí es cierto es que hoy en día ese nivel de obsesión y de esfuerzo por mantener vivo un juego que “ni fu ni fa” como Napoleon in Europe sería impensable. Hoy en día a un juego le das tres partidas y, si no demuestra ser un potencial “Spiel des Jahres”, lo chutas fuera de casa y te pillas otro. Hoy apenas hay manga ancha para los juegos de “clase media”. Todo lo que no sea una experiencia mariana, un título de 11 sobre 10, no interesa. Sólo queremos jugar a Robinson Crusoe: Aventuras en la isla maldita Dead of Winter. Si juegos como Circus Maximus o Illuminati (por citar dos ejemplos de clásicazos cuyas reglas simplemente “están bien”) se hubieran publicado por vez primera en 2016 en lugar de a principios de los 80, no aguantarían ni seis meses en una tienda antes de pasar a la sección de saldos (por supuesto, el día que alguien se casque un Kickstarter de Circus Maximus yo me tiraré en plancha a comprarlo).

En el videotocho de hoy reseño Time of Soccer y Fortune and Glory (sobre el que ya escribí cosas en esta entrada del blog), dos de esos juegos que a nivel de reglas no son nada del otro mundo, pero que aún así me siguen proporcionando sesiones de juego antológicas cada vez que los saco a la mesa, gracias principalmente a contar con una temática super-molona, evocadora y excelentemente implementada. Son juegos de puta madre no gracias a sus mecánicas, sino casi diría que a pesar de ellas. Porque para muchos jugones “old school”, un buen juego de tablero no es simplemente un conjunto de permutaciones estadísticas que funcionen. A veces un juego de tablero es bueno porque, aunque sea demasiado largo, demasiado complejo, demasiado duro o demasiado descompensado, tiene alma. Time of Soccer y Fortune and Glory tienen alma.

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2 pensamientos en “Juegazos a pesar de ellos mismos

  1. Una interesante diatriba. Te añadiría a tu reflexión que, precisamente de esos juegazos es de los que recuerdas minuciosamente sus cuasi-eternas partidas… algo más tienen que no los actuales, un “saborcillo”, quizás rancio, quizás de añoranza o simplemente mucho mimo en su creación aún a pesar de su resultado.
    Sobre Eagle Games… esa empresa que no sabe hacer juegos pequeños, que empequeñece todas las mesas de tu casa pero que colmata bien de plástico todas sus cajas… uf… a pesar de sus manuales, es un ejemplo a seguir…
    Me interesa tu traducción de Age of Napoleon… y tu versión. Es todo un juegazo, con todos sus pesares, nunca jugué a él, aún espera su partida… empecé con el American Civil War, También de Eagle Games, comparte con él muchas cosas… y aún así no dí el salto.
    Un saludo

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