Pamundi Music Awards 2016 / Las 70 Tonadas

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Y como colofón de los Pamundi Music Awards 2016, la lista de las 70 Tonadas, que acostumbra a ser lo que más gracia le hace a todo el mundo (por aquello de la playlist de Spotify y tal). Cinco horas y pico de música a cargo de setenta artistas diferentes, con un poquito de todo. El orden de escucha va del 70 al 1, como de costumbre, y a quien le sorprenda el tema que he elegido como ganador, le diré que me sorprendió incluso a mí (voy ordenando las setenta canciones finalistas en una escucha definitiva de corrido, de modo que hasta el final del proceso no tengo claro cuál va a quedar primera ni última). Sin embargo, no hay otra que rendirse ante la cantidad de cosas que hace bien Angel Olsen a nivel vocal en Shut Up Kiss Me: le imprime personalidad, intensidad dramática y sobre todo veracidad (no intenta lucirse a base de gorgoritos impostados), para colofonear con un estribillazo a pleno pulmón (“Shut Up Kiss Me Hold Me Tight… oh-oh-oh-oooooh!”) que es sin duda ninguna la declaración de amor fou más arrebatada que he escuchado en todo el año.

Sobre el resto de la lista, una aclaración final: si no figura en ella ninguna canción de Beyoncé es sencillamente porque sus discos no están en Spotify, y se me han hinchado las narices de que cada año pase lo mismo, y la playlist me quede coja porque faltan cinco o seis artistas. Por tanto, esta vez he elegido directamente las 70 Tonadas sólo entre álbumes que estuviesen en Spotify. Una pena, porque Hold Up o Formation hubieran entrado de cabeza en el Top Ten. Pero oye, Beyoncé se lo pierde… 😀

Aquí abajo tenéis la lista completa de Las 70 Tonadas y la playlist de Spotify. En este otro enlace tenéis la lista de Los 20 Discazos, aquí tenéis El artículo resumen del año… y diría que eso es todo. Gracias a Ruben Hurtado por cascarse contra reloj el fantástico diseño de los cartelillos que han ilustrado esta edición de los Pamundi Music Awards, y a Keka Puchades por TODO, desde escucharse en primicia las listas y darme sus opiniones hasta ayudarme a maquetar todo esto, buscar las portadas de los discos, corregir los artículos las veces que haga falta y, en fin, lo que le pidas.

¡Nos vemos en los Pamundi Music Awards 2017!

70.  Cliff Martinez – Are We Having a Party
69.  Descendents – Limiter
68.  El último vecino – La entera mitad
67.  Pet Shop Boys – Pazzo!
66.  Band of Horses – Solemn Oath
65.  Los ganglios – Los arquitectos
64.  Drive-By Truckers – Ramon Casiano
63.  Sia – Waving Goodbye
62.  Beach Slang – Spin the Dial
61.  The Goon Sax – Telephone
60.  Suuns – UN-NO
59.  The xx On Hold
58.  St. Lenox – Fuel America
57.  Las bistecs – HDA (Historia del arte)
56.  Mitski – I Bet on Losing Dogs
55.  Ryley Walker – The Roundabout
54.  Parquet Courts – Dust
53.  Kevin Morby – I Have Been to the Mountain
52.  Manel – Sabotatge
51.  Schoolboy Q – Groovy Tony
50.  Pantha Du Prince – You what? Euphoria!
49.  El Palacio de Linares – Ataque de amor (Flipante)
48.  Cymbals Eat Guitars – Finally
47.  The Divine Comedy – How Can You Leave Me On My Own
46.  Norwell – Enter the Light
45.  D.D Dumbo – Walrus
44.  Alice Bag – Inesperado adios
43.  Japandroids – Near To The Wild Heart Of Life
42.  King Gizzard & The Lizard Wizard  – Gamma Knife
41.  Andy Shauf – The Magician
40.  Triángulo de amor bizarro – Nuestro siglo Fnord
39.  Ngaiire – House on a Rock
38.  Field Music – Disappointed
37.  Ital Tek – Murmur
36.  Rihanna, SZA – Consideration
35.  Lost Under Heaven – Lost Under Heaven
34.  The Avalanches – Because I’m Me
33.  Car Seat Headrest – Fill in the Blank
32.  Black Mountain – Florian Saucer Attack
31.  Whitney – Golden Days
30.  Death Grips – Giving Bad People Good Ideas
29.  Minor Victories – Scattered Ashes (Song For Richard)
28.  The Julie Ruin – I Decide
27.  Roly Porter – 4101
26.  Kate Tempest – Tunnel Vision
25.  Jenny Hval – Conceptual Romance
24.  Pinegrove – Size of the Moon
23.  Kendrick Lamar – untitled 03 05.28.2013
22.  Mogwai – Pripyat
21.  PJ Harvey – The Wheel
20.  Eluvium – Strangeworks
19.  Radiohead – Burn the Witch
18.  Anderson .Paak – Come Down
17.  Preoccupations – Preoccupations
16.  Shura – Nothing’s Real
15.  Danny Brown, Kendrick Lamar – Really Doe
14.  KAYTRANADA, Aluna George – TOGETHER
13.  The Radio Dept. – Committed To The Cause
12.  Run The Jewels – Legend Has It
11.  Swans – Frankie M
10.  Underworld – If Rah
9.    Jeff RosenstockStaring Out the Window at Your Old Apartment
8.    Hamilton Leithauser + Rostam – A 1000 Times
7.    clipping. – A Better Place
6.    The 1975 – The Sound
5.    David Bowie – Blackstar
4.    Kanye West – Famous
3.    A TriBe Called Quest – We The People…
2.    ANOHNI – Drone Bomb Me
1.    Angel Olsen – Shut Up Kiss Me

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Pamundi Music Awards 2016 / Los 20 Discazos

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Pues venga, vamos con el solomillo de los Pamundi Music Awards. Tal como explicaba en la intro de mi artículo resumen del año, los siguientes 20 álbumes pintan un fresco mucho más benévolo y agradable de lo que ha sido en realidad el 2016. Parece difícil de creer que totems como P.J. Harvey (The Hope Six Demolition Project), Radiohead (A Moon Shaped Pool), M83 (Junk) o MIA (AIM) hayan editado trabajos nuevos y ninguno de ellos haya logrado colarse en la lista. Kendrick Lamar tampoco, cierto, pero en su descargo hay que decir que Untitled Unmastered no pretendía competir con nadie: es un simple recopilatorio de demos y descartes, y resulta normal que suene un tanto deslavazado y sin pulir (pese a lo cual sigue, siendo mejor que todos los anteriores que he citado juntos; de hecho, éste sí que llegó hasta la fase final para entrar en el Top 20).

Por segundo año consecutivo, un único representante español en la lista: Triángulo de amor bizarro (el curso pasado fueron Hazte lapón). La música de aquí, salvo excepciones, sigue dándome las alegrías justas. ¿Discos que “no están mal”? Muchos: los de Manel, Juventud Juché, El último vecino, Los ganglios, Las bistecs, El Palacio de Linares… ¿Discos que me hagan saltar los plomos? Pues eso… Triángulo de amor bizarro y para de contar. A ver si la cosecha del 2017 es más propicia. Vuelven Los Punsetes, y eso suele ser un buen síntoma.

TOTAL, que aquí abajo tenéis la lista de los 20 Discazos, y en este enlace la de Las 70 Tonadas.

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20

The 1975

I Like It When You Sleep, for You Are So Beautiful Yet So Unaware of It

 

 

 

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19

Ngaiire

Blastoma

 

 

 

 

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18

Anohni

Hopelessness

 

 

 

 

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17

Cymbals Eat Guitars

Pretty Years

 

 

 

 

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16

Underworld

Barbara Barbara, We Face a Shining Future

 

 

 

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15

King Gizzard and the Lizard Wizard

Nonagon Infinity

 

 

 

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14

Triángulo de amor bizarro

Salve discordia

 

 

 

 

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13

Pinegrove

Cardinal

 

 

 

 

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12

The Avalanches

Wildflower

 

 

 

 

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11

Jenny Hval

Blood Bitch

 

 

 

 

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10

Jeff Rosenstock

Worry

 

 

 

 

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9

Minor Victories

Minor Victories

 

 

 

 

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8

Kate Tempest

Let Them Eat Chaos

 

 

 

 

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7

Preoccupations

Preoccupations

 

 

 

 

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6

Beyoncé

Lemonade

 

 

 

 

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5

Swans

The Glowing Man

 

 

 

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4

Angel Olsen

My Woman

 

 

 

 

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3

Car Seat Headrest

Teens of Denial

 

 

 

 

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2

A Tribe Called Quest

We Got It From Here… Thank You 4 Your Service

 

 

 

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1

David Bowie

Blackstar

PAMUNDI MUSIC AWARDS 2016 / El artículo

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Muy buenas tardes a todos, y bienvenidos a otra edición de los Pamundi Music Awards, un cachondo ejercicio anual de pedagogía melómana con el que intento iluminar a toda esa masa de vecinos de Matrix que han nacido con una oreja enfrente de la otra. Gente incapaz de diferenciar en primera escucha All You Need Is Love de un mono tití tocando el xilofón. Fans de Vetusta Morla, de Kings of Leon y de los representantes españoles en Eurovisión (tres colectivos cuya tragedia es que, en cuestión de mal gusto, se encuentran a menos distancia de lo que creen). Personas, en definitiva, más vacías por dentro que el hombre de hojalata de El mago de Oz, necesitadas urgentemente de alguien que les de un abrazo virtual y les descubra, para variar, algo de música con sentido y sensibilidad. Tranquilos, respirad, ya se pasa. Aquí estoy yo. Os traigo el CRITERIO.

Antes de empezar, un inciso: el año pasado pudo parecer que los Pamundi Music Awards evolucionaban desde el artículo escrito hacia el más vistoso formato de videotocho; y sin embargo aquí estoy otra vez, juntando letras. ¿A qué se debe este paso atrás, este retorno a los orígenes? Pues en parte a la falta de tiempo (escribir es algo que me sale solo, mientras que preparar dos vídeos de media hora me supone un trabajo de chinos), pero sobre todo, para qué negarlo, a la cantidad de problemas que acostumbra a poner You Tube a la hora de dejarte emitir pequeños insertos musicales de los álbumes y canciones que vas mencionando. Nunca me lo había planteado, pero ahora entiendo por qué, por ejemplo, en las videoreseñas de Anthony Fantano (en su canal The Needle Drop) nunca suena la música de la que está hablando. Me parece hasta cierto punto lógico que así sea (los derechos de autor y tal), pero yo hago esto para divertirme, no para sacar un duro, y los videotochos del año pasado me dieron tal nivel de quebraderos de cabeza (tuve que subirlos varias veces, y aún así uno de ellos sigue sin poder reproducirse en dispositivos móviles) que no tengo las más mínimas ganas de repetir en esta ocasión. El año que viene por estas fechas ya veremos.

En los vídeos del año pasado, por cierto, cometí un error de bulto: anuncíe que la presente entrega marcaría el décimo aniversario de los Pamundi Music Awards, y resulta que no. Tras bucear en la lista de correo donde en su día empecé esta chorrada, que con el tiempo se ha convertido en una de mis tonterías favoritas del año, he podido comprobar que la primera edición fue la del 2008. O sea, que la número X será la próxima (menos mal que no llegué a encargar la tarta).

Y ahora sí, vamos con el resumen pormenorizado del 2016 a nivel de tariaro-riaros, lariro-riros y chumba-chumbas:

MI 2016 MUSICAL: MUCHO RUIDO, LAS NUECES JUSTAS
Posiblemente éste haya sido el curso musicalmente más mediocre desde que los Pamundi Music Awards existen. En ninguna edición anterior había tenido tantos problemas para juntar 20 discazos y 70 tonadas de artistas distintos que mereciesen conformar lo mejor del año anterior. Todo el mundo coincide en que el 2016 fue un annus horribilis en numerosos aspectos, así que sumar a eso una oferta musical más bien pobre parece casi normal; y no creo que el haber escuchado bastantes menos álbumes esta vez (unos 220 en total, muy lejos de los más de 300 de las últimas dos ediciones) me haya hecho perderme joyas ocultas, sino más bien al contrario: llegado cierto momento, incluso, empecé a tener la sensación de que cada nuevo disco al que prestaba los oídos hacía bajar aún más la nota media y aumentaba mi mala gaita, así que decidí parar y centrarme en re-escuchar con mayor atención lo que sí me había hecho tilín.

Los principales sucesos musicales del año, de hecho, no tuvieron tanto que ver con la edición de ningún álbum como con fallecimientos ilustres: David Bowie, Prince, Leonard Cohen, George Michael, Rick Parfitt, Glenn Frey, Phife Dawg… eso marcó y restó importancia a todo lo demás, aunque en el caso de un artista total como Bowie, el proceso de morir le sirviera de combustible para dar a luz Blackstar, uno de los trabajos más despampanantes, crudos y auténticos de una discografía que pocas veces ha dejado de asombrar. Siete canciones que son verdaderos puzzles sonoros, mezcla de jazz, electrónica industrial, hip hop y lo que le echasen, y con unas letras tan escalofriantes como arcanas (referencias al paganismo, a la bisexualidad, estrofas cantadas en nadsat…), en las que Bowie acepta su “polvo al polvo” y lo interpreta como un proceso de transformación que lo convertirá en un ser eterno. Ante un fin de carrera así de apabullante, es difícil llevarle la contraria.

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Lo normal es que una obra como Blackstar, un disco sobre la muerte compuesto por alguien que se está muriendo a toda castaña, hiciera palidecer a cualquier otro álbum conceptual “basado en experiencias personales” que se editase a lo largo del año, y eso es justo lo que me pasó con el The Life of Pablo de Kanye West, un talento natural que sigue pariendo singles descomunales (Famous, Ultralight Beam…), pero cuyas letras autobiográficas sobre “el precio de la fama” llevan ya unos cuantos discos sonándome a murga de pobre chico rico.

En cambio, Beyoncé tiró por los mismos derroteros con Lemonade y triunfó en toda regla (otra vez; y ya van…). Una producción alucinante y unas canciones que esquivan a conciencia el estribillo-chicle para erigirse en un todo narrativo, un alegato confesional sobre la infidelidad vista desde la perspectiva de quien la sufre, y todo ello ilustrado por una película-videoclip de una hora de duración que convierte el set-list en su obra más ambiciosa hasta la fecha (y no me atrevo a decir que sea la mejor porque me faltan algunas escuchas comparadas). Beyoncé ya contaba con unas cuantas canciones dramón sobre sus tira y afloja con Jay-Z, pero Lemonade (cuyo título, al parecer, referencia a su propia abuela, que solía decir aquello de “si la vida te da limones…”) narra una sucesión de vivencias tan íntimas y descarnadas que incluso resultan incómodas de escuchar. O lo resultarían, si no se apoyaran en bombazos de la rotundidad de Formation, Sorry, Hold Up o Freedom, y en ese vozarrón que es en sí mismo un instrumento musical intratable. Si los 50 fueron de Elvis y los 60 de los Beatles, de momento el siglo XXI es incontestablemente de Beyoncé. Sigue ahí arriba, a la sombra de nadie.

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El diamante inesperado de año, para mí, fue de largo el We Got It From Here… Thank You 4 Your Service de los veteranísimos (empezaron en esto a mediados de los 80) A Tribe Called Quest. Un comeback/despedida deslumbrante, una especie de compendio de 30 años de hip hop que encadena lecciones de mojo y sartenazos políticos casi sin pausa, y al que aún cabe dar más mérito teniendo en cuenta que Phife Dawg, uno de los miembros fundamentales de la banda, murió cuando todavía quedaban canciones a medio componer. Posiblemente el disco del 2016 que más he escuchado, y con el que más he dado palmas mientras seguía el ritmo.

En un momento de crisis profundísima del indie rock (el intento de revival de los 90 no está colando, y el de los 80 es ya como un meme), aparecieron Car Seat Headrest, una banda a la que yo llevaba 12 discos sin hacer ni puñetero caso, y con el rabiosamente adictivo Teens of Denial se las ingeniaron para volver a enamorarme de las guitarras lo-fi, las melodías gritadas, los crescendos arrebatados y el espíritu “vamos a improvisar un estribillo a ver qué nos sale”. Me costó horrores elegir qué canción de este álbum incluir en la lista de las 70 Tonadas: lo de que no tienen una mala sonará a frase tópica, pero pocas veces me ha parecido más cierto.

Con que Angel Olsen hubiese igualado los registros de su anterior Burn Your Fire for no Witness yo ya me habría dado por contento, pero My Woman no es que supere dicho listón, es que lo pulveriza. Mucho más variado a nivel sonoro pero a la vez mucho más cohesionado, y lleno de unos matices vocales que hasta ahora Olsen no había explorado, o bien yo no había sabido detectar (me parecen brutales sus cambios de tono, del susurro y la fragilidad a la intensidad más dolorosa, en temas como Never Be Mine o sobre todo Shut Up Kiss Me). Siempre había visto a la de St. Louis como una especie de “mini Sharon Van Etten” y ahora en cambio, si me hicieran elegir entre las dos no sabría con cual quedarme. Así de bueno me parece My Woman.

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Swans cerraron de manera brillante la trilogía iniciada con The Seer (2012) y seguida con To Be Kind (2014). The Glowing Man es más pausado, más orgánico y menos inmediato que aquellos, motivo por el cual (supongo) decepcionó a algunos fans y críticos, aunque a mí me parece que tiene simplemente un 5% menos de obra maestra que los dos anteriores. Además considero fantástico que, en lugar de poner en piloto automático la máquina de hacer ruido, hayan vuelto a salirse de lo que todo el mundo esperaba, intercambiado la contundencia de apisonadora por sutileza (aún así, temas como Frankie M o el que da título al álbum me ponen el pelo para atrás igual que cualquiera de The Seer). Michael Gira ha confirmado que este disco cierra la actual etapa de Swans, que desaparecen como tales para reformularse en otra cosa; si los fans no supiéramos de lo que son capaces hagan lo que hagan, estaríamos preocupados.

El resto del frente guitarrero supuso una pedrea de errores y aciertos: los Pixies lograron esta vez esquivar el ridículo pero no el cansinismo con Head Carrier, un nuevo manchurrón en lo que hasta Trompe Le Monde había sido una discografía incomparablemente impoluta (nunca pensé que diría esto de ellos… pero me tienen hasta las pelotas). Viet Cong se rebautizaron como Preoccupations (a los gilipollas les ofendía su anterior nombre) y sacaron un álbum homónimo en el que siguieron picando piedra para convertirse en una de las mejores bandas de post-punk del planeta. Los australianos King Gizzard and the Lizard Wizard dejaron de parecerme una extravagancia gracias a Nonagon Infinity, cañonazo desarmante de psicodelia al límite (tan al límite, que el último tema del álbum ni siquiera se cierra, sino que acaba de modo que encadena perfectamente con el inicio del primero y permite seguirlo escuchando en un loop infinito). Cymbals Eat Guitars consiguieron por fin, a la cuarta, un disco al que no se le puede poner un solo inconveniente (Pretty Years). Aparte de ellos, otros artistas como Pinegrove, Minor Victories (“supergrupo” formado por Stuart Braithwaite de Mogwai, Justin Lockey de Editors y Rachel Goswell, la vocalista de Slowdive), Jeff Rosenstock o Triángulo de amor bizarro también colaboraron a dignificar el estruendo eléctrico desde prismas muy diferentes.

The 1975 supusieron el “placer culpable del año”, con un disco que sí, será demasiado largo, demasiado accesible, demasiado copión y demasiado pedante (ese título…) pero tiene media docena de estribillos que te hacen levantar la bandera blanca. Las acusaciones de que son una especie de boy band con guitarra, bajo y batería suenan ridículas cuando pones la oreja atenta y descubres cosas tan marcianas como Paris, un hitazo de synth-pop de radiofórmula con una descorazonadora letra sobre la adicción a la heroína. Gustarán más o menos, pero van en serio; y la intro de Love Me no puede ser más molona ni darme más ganas de ponerme a bailar en moonwalk.

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Por el flanco de la electrónica, The Avalanches publicaron de una puñetera vez su segundo larga duración, Wildflower, “sólo” década y media después de su debut. Lo hicieron en medio de unas expectativas tan imposiblemente infladas por ver cómo continuaban el legado del imprescindible Since I Left You, que a la vez decepcionaron y maravillaron (aunque las partes de su disco que no me gustan se las perdono, y en cambio las que me gustan me parecen enormes). Jenny Hval armó con Blood Bitch su disco más compacto y fácil de escuchar, sin sacrificar por ello ni un gramo de hipnotismo fantasmagórico ni querencia por lo bizarro (no podría ser de otro modo, en una obra que mezcla menciones al vampirismo, la menstruación y Virginia Woolf). Underworld dieron un golpe sobre la mesa con Barbara Barbara, We Face a Shining Future, para anunciar que quizás ya no sean tan relevantes en el panorama del techno actual como lo eran en el de hace 20 años, pero que en lo fundamental (las canciones) siguen sonando igual de bien.

En un año lleno de divas que en general me produjeron la mayor de las indiferencias (los nuevos trabajos de Lady Gaga, Rihanna, Ariana Grande y, sí, lo siento, también el aclamado A Seat at the Table de Solange, me han aburrido cosa mala, más allá de algún que otro single), apareció de repente Ngaiire, una cantante de Papúa Nueva Guinea en la que no se fijaba nadie (y, por desgracia, sigue sin fijarse demasiada gente fuera del circuito australiano), y nos regaló Blastoma, toda una explosión de frescura, energía y colorido. Pop comercial inteligente y bien ejecutado.

PJ Harvey, ANOHNI (antes Anthony and the Johnsons) y Kate Tempest aportaron los tres álbumes más llamativos en cuanto a activismo político. A Polly Jean, The Hope Six Demolition Project le quedó poco cocido (no es un mal disco, pero sí es la primera vez que publica algo que me deja frío). A ANOHNI, su Hopelessness le salió rarísimo, con unas letras directas, explícitas y desprovistas de toda ironía que en algunos casos brillan (Drone Bomb Me es posiblemente la canción con la letra mas putamente ama del año), mientras que en otros caen un tanto en la autoparodia involuntaria (Obama parece una jota cantada por un tenor borracho). La que salió mejor parada de las tres fue sin duda Kate Tempest: los lisérgicos, lúcidos y ásperos recitados de Let Them Eat Chaos son un directo a la mandíbula de una sociedad occidental (sobre todo la británica, aunque temas como Europe is Lost nos tocan a todos) que cada vez se asemeja más a un mal episodio de Black Mirror.

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Entre los discos notables que no han pasado el corte de los Pamundi Music Awards 2016 me gustaría destacar, por especiales y diferentes, el Splendor & Misery de clipping., historia de ciencia-ficción narrada en clave de hip hop fraseado a mil por hora, con tal nivel de detalle técnico que casi parece una aventura del juego de rol Traveller (una ida de olla algo dura de escuchar de punta a cabo, pero al mismo tiempo fascinante); el The Wilderness de Explosions in the Sky, que por momentos (bastantes) reverdece aquella capacidad para transportarte a lugares cálidos y mulliditos que tenían cuando editaban maravillas como The Earth Is Not a Cold Dead Place; o el punk-pop vitamínico de Alice Bag, leyenda de la escena chicana que ha tenido que esperar hasta los cincuenta y muchos años para poder reivindicarse como solista, y lo ha hecho con un trabajo que mezcla energía, activismo, oficio y emoción a partes iguales (Inesperado adios, el baladón mariachi de cierre, pone los pelos de punta).

Y eso, básicamente, es lo que me ha cundido el 2016 en cuanto a música. Sin embargo y como de costumbre, mucho más elocuentes que cualquier artículo que os pueda escribir al respecto son mis ya habituales listas de Los 20 mejores discazos y las 70 mejores tonadas del año. Así que si os parece bien, dejémonos de parrafadas y démosles un repaso en los dos siguientes posts:

Los 20 mejores Discazos del 2016

Las 70 mejores Tonadas del 2016

2016: un año en doce películas

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Pues aquí está, como cada enero (más o menos), mi lista comentada con las mejores películas del año que se acaba de esfumar. En esta ocasión no la voy a hacer pública con uno de mis interminables vídeos de You Tube, sino mediante un modesto artículito escrito (que oye, voy que me estrello); y no van a ser quince películas, sino doce. Doce obras que me han hecho vibrar en la butaca, a lo largo de 365 días que no me han parecido especialmente granados en lo cinematográfico (para llegar a la docena de títulos, me ha bastado con descartar los otros nueve o diez que me habían gustado). No es que el curso 2016 nos haya dejado mucho peor cine de lo normal, pero sí mucha mediocridad y, sobre todo, muchas decepciones.

Tampoco vale la pena extenderse demasiado en ello, de hecho ni siquiera me ha apetecido listar de modo pormenorizado mis peores películas del año, por evidentes. Baste decir que uno siempre espera lo mejor de la última comedia de un ex-Monthy Python (Absolutamente todo), de la adaptación sin reparar en gastos ni en FX del videojuego de fantasía por antonomasia (Warcraft), o del blockbuster que debía reunir por todo lo alto a los dos superhéroes más imponentes del universo (Batman v. Superman), por poner tres ejemplos particularmente sangrantes de bofetadas al espectador en plena cara (aunque habría muchos más: Escuadrón suicida, X-Men: Apocalipsis, Passengers, La quinta ola, Blair Witch, Dioses de Egipto, Infierno azul, Morgan, El bosque de los suicidios…). Todas estas cintas generaron ilusión y grandes expectativas, pero todas ellas se revelaron como muestras de cine esclerótico y, aún más cabreante, de talento desperdiciado. Incluso el por lo general infalible Tarantino se descolgó con un películín correcto pero alargado hasta lo infame, Los odiosos 8, que cabría colocar tan solo un peldaño por encima de Deathproof en cuanto a irrelevancia dentro de su filmografía.

Aún así, un año entero acaba dando para bastante, como mínimo para rescatar doce historias que, bien por su atrevimiento o bien por su academicismo, su capacidad de epatar o de emocionar, han hecho que el séptimo arte me parezca algo mejor ahora que antes de que existieran. Soy de fácil contentar en este aspecto. Vivimos la era de las series de TV, dicen, y sin embargo para mí sigue sin haber otra experiencia igual de molona que ir al cine. Ese componente de espectáculo-evento que aún conserva, esa ceremonia un punto atávica de salir de casa y pagar una entrada para tirarte dos horas a oscuras en una sala, mirando una pantalla gigante en la que van pasando cosas, rodeado de gente desconocida con la que compartir risas, llantos, sorpresas e incluso aburrimiento, me parece lo más. Se apagan las luces, empiezan a encadenarse los nombres de las productoras, y a mí me entra cada vez el mismo hormigueo en el estómago. Cada puñetera vez. Como dice mi amigo Ray Zeta, “a mí dame películas”.

El criterio para confeccionar esta lista ha sido el habitual, ciñéndome a los largometrajes estrenados en cines españoles entre el 1 de enero y el 31 de diciembre. No lo he visto todo, claro, pero creo que he visto bastante de lo que había que ver (las de Tim Burton, por ejemplo, ya me las salto directamente). En resumen, ahí van mis doce pelis del 2016, ordenadas de la doce hasta la uno:

12. Zootrópolis (Estados Unidos; Byron Howard y Rich Moore)
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Porque no pretende narrar un gran cuento ni una gran saga épica, sino una historia modesta y costumbrista sobre animales antropomórficos de clase media. Porque es una buddy-buddy movie protagonizada por una pareja tan inverosímil como una coneja y un zorro, y por ahí acaba colando un discurso sobre la aceptación de la diferencia educativo pero sutil, que no vende burras a los niños ni produce vergüenza ajena a los padres. Porque te presenta un microcosmos, una ciudad, que chorrea detalles y carisma, un lugar del que quieres que te lo cuenten todo, en el que quieres que ambienten mil películas más. Por su despampanante diseño visual atiborrado de detalles. Porque es una comedia di-ver-ti-dí-si-ma.

11. Green Room (Estados Unidos; Jeremy Saulnier)
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Por la valentía de Jeremy Saulnier al haber hecho una simple pieza de horror con los neonazis como villanos (evitando la tentación de soltarte sermones morales de fondo). Por la contundencia extrema de sus escenas cumbre, que te golpean como descargas eléctricas. Porque Anton Yelchin volvió a demostrar en esta, su última película antes de fallecer en un estúpido accidente, que estaba a un paso de convertirse en una estrella; y sobre todo porque, entre tantos alienígenas, señores oscuros y seres sobrenaturales dominando el panorama fílmico actual, Patrick Stewart se convirtió en el mejor villano del 2016 interpretando a un tipo normal, que hiela la puta sangre sin siquiera alzar la voz cuando da una orden.

10. La invitación (Estados Unidos; Karyn Kusama)
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Por la habilidad de su guión y su puesta en escena para convertir un tópico social con el que todos podemos identificarnos (esa cena de reencuentro con viejos amigos a la que no te apetece ir) en hora y media de claustrofobia y mal rollo creciente. Porque el actor protagonista, Logan Marshall-Green, te mete en la mente de su personaje hasta que dejas de considerarlo un paranoico (o te vuelves tan paranoico como él). Por los ecos a El ángel exterminador. Por todo lo que no ves y no oyes, pero imaginas que está ocurriendo. Porque te lleva hasta el tramo final sin que tengas ni idea de cómo va a acabar (y tiene mérito lograr eso en un género tan desgastado como el thriller psicológico). Por sus 20 últimos segundos de efectismo bien entendido.

9Comanchería (Estados Unidos; David Mackenzie)
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Porque resucita de nuevo a un género, el western, al que han tratado de enterrar mil veces (aunque en este caso sea un western moderno, con coches y camionetas en lugar de caballos). Porque a veces, para crear gran cine no hace falta revolucionar nada, basta con unos cuantos buenos personajes conduciendo por el desierto, por una carretera infinita, sin saber que circulan en ruta de colisión unos con otros. Por unos diálogos secos, a base de sentencias simples y directas, que son oro puro. Por un Jeff Bridges (otra vez) inmenso, devorando la pantalla. Porque molan todos tanto, los polis y los atracadores, que quieres que todos ganen, aunque sepas que no puede ser. Porque es una película “de las que ya no se hacen”, pero por suerte sí que se hacen.

8. Spotlight (Estados Unidos; Tom McCarthy)
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Por recordar que otro periodismo, no hace tanto, era posible. Por mezclar en su justa medida la minuciosidad del “procedural” con el factor humano (entre Todos los hombres del presidente y Michael Clayton), sin abusar de los momentos sensacionalistas ni convertir a sus protas en superhéroes del periodismo. Por poner el dedo en la llaga sobre la responsabilidad de toda la sociedad en denunciar lo execrable no cuando está de moda hacerlo, sino cuando se le puede poner remedio. Por hacer todo eso mediante una narrativa elegante, que se sustenta a base de planos amplios llenos de personajes, en busca de un distanciamiento objetivo pero también como reconocimiento al trabajo coral que supone una investigación así, y una película así.

7. El libro de la selva (Estados Unidos; John Favreau)
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Porque nadie esperaba ni siquiera que fuera buena y si me apuras es mejor que la de dibujos del 67. Porque Shere Khan es un malo espectacular. Porque cuando empiezan a cantar “Quiero ser como tú” o “Busca lo más vital” te entran ganas de dar palmas para llevar el ritmo. Por ese tono épico/bíblico de cine de aventuras de reestreno. Porque la amistad gamberra entre Mowgli y Baloo produce envidia. Porque se disfruta usando zonas del cerebro que no necesitan de coartada intelectual. Porque te hace creer que los animales hablan. Porque no se le pueden poner peros a un orangután gigante cantando jazz. Porque por una vez el 3D mejora la inmersión sensorial (te mete en la puta jungla). Porque la productora Disney, por mucho que rajen de ella, sigue facturando entretenimiento de gran formato como nadie.

6. Mustang (Francia/Turquía/Alemania; Deniz Gamze Ergüven)
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Por la empatía incondicional que generan las cinco niñas protagonistas, encarceladas en su propia casa. Porque a partir de una historia muy local sobre la tiranía del patriarcado en Turquía, acaba lanzando un mensaje de lo más universal sobre la rebeldía contra cualquier forma de opresión (hay que seguir resistiendo con tozudería, aún cuando la derrota sea inevitable). Por la astucia de usar a las cinco protagonistas para desgranar todos los posibles desenlaces de una situación así. Porque mantiene el punto de vista infantil incluso en sus momentos más duros y, lejos de parecer postiza o cursi, se siente de lo más auténtica. Porque supone el debut de la directora/guionista Deniz Gamze Ergüven, y lo ha hecho todo bien.

5. Elle (Francia/Alemania/Bélgica; Paul Verhoeven)
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Porque Isabelle Huppert, pasados los 60 años de edad, destila un erotismo salvaje que lo llena todo. Porque no puedes dejar de mirarla ni siquiera cuando sólo se dedica a contemplar a los demás hablando a su alrededor. Porque cuesta imaginar una película menos tópica y más libre, audaz, moralmente ambigua, psicológicamente compleja y, sí, feminista, sobre violación-y-venganza. Porque en realidad no es una película sobre violación-y-venganza sino sobre una tía que se empodera y hace lo que le sale del coño, cuando le sale del coño. Porque es loquísima desde un clasicismo formal casi de thriller hitchcockiano. Porque rompe las fronteras de todos los géneros por los que se pasea. Porque los aburridos probablemente la odiarán.

4. La doncella (Corea del Sur; Park Chan-wook)
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Porque es un orgasmo visual y de puesta en escena. Porque su narrativa en tres actos (con cambio radical del punto de vista en cada uno de ellos) la acerca por igual a Rashomon y El golpe, convirtiéndola en algo así como tres mini-películas en una, a cuál mejor. Porque maneja un equilibrio perfecto entre exquisitez y delirio culebronesco, sin descarrilar en ningún momento. Por su lucidez al explicar cuál es la diferencia entre la ambición y el deseo. Por utilizar el erotismo, no como mera representación plástica del sexo, sino como la brújula emocional que guía a las dos protagonistas. Porque supone una nueva cota maestra en la carrera de un director, Park Chan-wook, que parece no tener techo.

3. Anomalisa (Estados Unidos; Charlie Kaufman)anomalisa-cartel-6581.jpg
Porque, como reza el cartel, las marionetas de Charlie Kaufman son los personajes más humanos que se han podido ver en una pantalla de cine este año. Porque el motivo dramático que justifica que sean precisamente muñecos de caras cambiantes, en lugar de actores de carne y hueso, es el tipo de idea perfecta que define la manera de pensar de un genio. Porque es una reflexión tan descarnada como emocionante sobre la naturaleza del amor (a la vez, el sentimiento más generoso y más egoísta que somos capaces de experimentar y de transmitir). Porque logra convertir una comida de coño explícita en un momento de absoluta ternura. Porque siempre que la veo acabo sonriendo y llorando a la vez.

2. El renacido (Estados Unidos; Alejandro González Iñárritu)
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Porque pocas veces el cine ha logrado transmitir sensaciones físicas que traspasen la pantalla, y sin embargo en El renacido “se pasa frío”. Por la fotografía mortecina y fantasmagórica (nunca la luz natural pareció tan sobrenatural; nunca una tundra desolada recordó tanto al infierno bíblico). Por ese duelo imposible de dirimir entre dos bestias de la interpretación de carácter como Leonardo Di Caprio y Tom Hardy. Porque cuesta ver la escena del oso y respirar a la vez. Porque dura tres horas y podría durar seis, y yo aún querría más: más nieve, más frío, más suciedad, más dolor y más muerte. Porque en el fondo es una carta de amor de Alejandro González Iñárritu al cine de Terrence Malick y Werner Herzog, y ante eso no hay más que hablar.

1. La llegada (Estados Unidos; Denis Villeneuve)
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Por ese prólogo apasionado, conmovedor, descorazonador y cinematográficamente redondo estilo Up. Por ese final “sorpresa sin sorpresa” que pone patas arriba la linealidad argumental. Porque acaso sea lo más inteligente que ha parido la ciencia-ficción dura desde 2001: una odisea del espacio. Por cómo utiliza sus maneras de cine fantástico para explorar con una hondura descomunal las limitaciones del ser humano a la hora de gestionar sus emociones. Porque te pone un nudo en el estómago que poco a poco se convierte en nudo en la garganta. Porque es una peli con alienígenas de aspecto imposible y te la crees de arriba a abajo. Por Abbot y por Costello. Porque lo que hace Amy Adams, desde una contención interpretativa al límite, es simplemente prodigioso. Porque si alguna película de todas las estrenada a lo largo del 2016 tiene pinta de poder entrar en la historia del cine, de seguir generando lecturas y significados dentro de 20 años, sin duda es esta.

 

Pamundi Music Awards/2015, Los 20 discazos (del 10 al 1)

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Los PAMUNDI MUSIC AWARDS/2015 tocan a su fin. Tras el primer post con Las 70 Tonadas y el segundo con Los 20 discazos (puestos 20 al 11), completo el asunto con este nuevo videotocho, en el que desvelo Los 20 mejores discazos del 2015, puestos 10 al 1. Igual pensábais que ya me lo habíais visto hacer todo en You Tube, pero desde mi perspectiva os aseguro que la cosa es aún peor, porque YO PENSABA QUE YA LO HABÍA HECHO TODO. Obviamente, me faltaba ponerme a bailar ante la cámara en calzoncillos…

Lo único que quisiera añadir a lo que ya digo en el videotocho es que me alegra especialmente que mis listas de este año, tanto la de discazos como la de tonadas, incluyan mucha más “música nueva” que las del 2014. Más de la mitad de mis veinte álbumes favoritos han sido firmados por artistas debutantes o a los que no había escuchado en mi puñetera vida. O sea, una eclosión de talentos que hasta ahora me eran ignotos. Esperemos que no se trate de un simple amago sino de un auténtico relevo generacional, que ya va tocando para superar ese “día de la marmota” en el que los carteles de los festivales de música se repiten de manera casi calcada cada dos ediciones. En el Primavera Sound de este año, por ejemplo, tienen tanda Tame Impala, Beach House y Animal Collective, y el que viene fijo que les vuelve a tocar la rifa a Arcade Fire, Panda Bear o Sharon Van Etten. Vas tres años seguidos y ya has visto a todo dios dos veces.

Pues eso, que hasta aquí he llegado, espero que el currele haya merecido la pena. Nos vemos (supongo) en los PAMUNDI MUSIC AWARDS 2016.

Adenda: para quien no tenga paciencia ni le importen los spoilers, aquí está la lista completa de los 20 mejores discazos. Eso sí, miraos igualmente el vídeo porque mis explicaciones no tienen preciorl…

20.  Hot DadTV
19.  Dominique AÉléor
18.  Hazte lapónNo son tu marido
17.  Chelsea WolfeAbyss
16.  EskimeauxOK
15.  ProtomartyrThe Agent Intellect
14.  Courtney BarnettSometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit
13.  BaronessPurple
12.  Jeff RosenstockWe Cool?
11.  Alabama ShakesSound & Color
10.  MiguelWildheart
  9.  Jazmine SullivanReality Show
  8.  Everything EverythingGet To Heaven
  7.  Viet CongViet Cong
  6.  Father John Misty I Love You, Honeybear
  5.  U.S. GirlsHalf Free
  4.  Kendrick LamarTo Pimp A Buterfly
  3.  Tobias Jesso Jr.Goon
  2.  Sufjan StevensCarrie & Lowell
  1.  Tame ImpalaCurrents

Pamundi Music Awards/2015, Los 20 discazos (del 20 al 11)

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Empieza lo bueno: el primero de los dos videotochos que van a componer el grueso de los PAMUNDI MUSIC AWARDS/2015. Tras un par de ediciones cascándome un resumen genérico de lo que me había parecido el año a nivel musical, en esta ocasión he preferido volver al viejo formato de mini-reseñar por separado cada uno de los 20 discazos de la lista. Vamos, la típica mierda en la que me meto pensando “esto te lo pules en un par de sentadas” y acabo completamente enterrado durante dos semanas, reescuchando decenas de veces cada álbum finalista para decidir en qué posición lo coloco (y lo mismo con la lista de Las 70 Tonadas, que he reordenado un número absurdo de veces), escribiendo un guión lo más coherente y conciso posible con lo que quiero decir (aunque luego, plantado ante la cámara, improvise a saco), grabando cachitos de vídeo a deshoras y dedicando más tiempo a montar todo el material acumulado (incluyendo meterle musiquillas, subtítulos y efectitos) que Coppola con Apocalypse Now

Mis medios de referencia a la hora de confeccionar estas listas y descubrir artistas/discos/temas nuevos han seguido siendo los habituales: las webs de Pitchfork, Consequence of Sound, Tiny Mix Tapes, Popmatters, Stereogum, Any Decent Music, Hipersónica o Jenesaispop, y las reseñas del “youtuber” Anthony Fantano en su fenomenal canal The Needle Drop. Este año he sudado bastante tanto de Rockdelux como de Mondo Sonoro. La verdad es que, con tanta y tan buena prensa musical como tenemos a distancia de una simple búsqueda de Google, da mucha pereza bajar al quiosco.

Y nada más por hoy. Os dejo con el vídeotocho correspondiente a Los mejores discazos del 2015, puestos 20 al 11. Veinticuatro minutos de CRITERIO, LOL y música altamente cojonuda:

 

 

Pamundi Music Awards/2015, Las 70 Tonadas

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En efecto, mis queridos semovientes, ya han llegado los PAMUNDI MUSIC AWARDS en su edición 2015 (ojo, que ya es la que suma nueve; el año que viene tendré que organizar una fiestuqui o algo que conmemore el décimo aniversario), tras unos meses de escuchas musicales en modo berserker que casi reducen a cero mi contador de cordura. Han sido doscientos ochenta y pico álbumes, la mayoría concentrados entre octubre del 2015 y enero del 2016. Se dice pronto.

Esta vez la cosa viene en formato de simpáticos videotochos, que podréis ver en los sucesivos posts de este mismo blog o en mi canal de You Tube. Los PAMUNDI MUSIC AWARDS/2015 van a tener un total de tres entradas de blog: esta primera con la lista de Las 70 Tonadas, una segunda entrada con el vídeotocho de Los 20 discazos (puestos del 20 al 11), y una tercera y última entrega con el videotocho correspondiente a Los 20 discazos (puestos del 10 al 1).

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Pues venga, aquí tenéis el asunto. Bajo estas líneas, jugoso enlace a la playlist de Spotify con Las 70 Tonadas del año, y algo más abajo el listado completo de las susodichas Tonadas, a fin de que podáis chafardearlo de una manera ordenada y profiláctica. Quien quiera verme bailar, cantar y hacer el imbécil por encima de mis posibilidades, que no se pierda los videotochos de Los 20 discazos.

 

70.  David HasselhoffTrue Survivor
69.  Of MontrealBassem Sabry
68.  Faith No MoreSuperhero
67.  Belle & SebastianThe Party Line
66.  FoalsWhat Went Down
65.  All DogsThat Kind of Girl
64.  ShamirCall It Off
63.  ToundraBelenos
62.  ProtomartyrThe Hermit
61.  GirlpoolCrowded Stranger
60.  SpectresSink
59.  The MaccabeesSpit It Out
58.  NovellerRubicon
57.  Alborotador GomasioLos Excesos de los Niños
56.  The WeekndCan’t Feel My Face
55.  Jazmine SullivanStupid Girl
54.  Beach SlangYoung & Alive
53.  La Bien QueridaOjalá Estuvieras Muerto
52.  DoldrumsHOTFOOT
51.  Fleur EastSax
50.  CHVRCHESLeave A Trace
49.  Emilio JoséXero (Cocaína)
48.  Floating PointsPeroration Six
47.  BaronessShock Me
46.  FKA twigsFigure 8
45.  TorresStrange Hellos
44.  GrimesRealiti
43.  Hazte lapónAmor bomba
42.  DILLY DALLYDesire
41.  Alabama ShakesMiss You
40.  Ellie GouldingKeep On Dancin’
39.  Everything EverythingRegret
38.  EskimeauxBroken Necks
37.  FERNANDO ALFAROVelero
36.  Downtown BoysWave Of History
35.  ChromaticsI Can Never Be Myself When You’re Around
34.  YACHTWar on Women
33.  The Suicide of Western CultureAmor de Madre
32.  Dawn RichardThe Deep
31.  Carly Rae JepsenRun Away With Me
30.  CuelloTrae Tu Cara y Decórala Bien
29.  Best CoastCalifornia Nights
28.  John CarpenterVortex
27.  Natalie PrassMy Baby Don’t Understand Me
26.  Panda BearSelfish Gene
25.  Father John MistyThe Ideal Husband
24.  Circuit Des YeuxDream Of TV
23.  Tobias Jesso Jr.Can’t Stop Thinking About You
22.  The Chemical BrothersGo
21.  Pablo Und DestruktionGanas de Arder
20.  Julia HolterSea Calls Me Home
19.  Janet JacksonGon’B Alright
18.  Courtney BarnettPedestrian at Best
17.  Father John MistyI Love You, Honeybear
16.  Chelsea WolfeDragged Out
15.  Jazmine SullivanStanley
14.  Viet CongContinental Shelf
13.  U.S. GirlsDamn That Valley
12.  Kendrick LamarKing Kunta
11.  Animal CollectiveFloriDada
10.  Jeff RosenstockNausea
9.    Missy Elliott (Feat. Pharrell Williams)WTF (Where They From)
8.    MiguelCoffee
7.    Beach HouseSpace Song
6.    Empress OfHow Do You Do It
5.    Dominique AÉléor
4.    Kendrick LamarThe Blacker the Berry
3.    Tame ImpalaLet It Happen
2.    Sufjan StevensShould Have Known Better
1.    Tobias Jesso Jr.How Could You Babe

15 películas para el 2015 (segunda parte)

Segundo (y último) videotocho dedicado a las mejores películas de estreno que he videado a lo largo del curso que acabamos de finiquitar. Vamos con el Top 10, que combina con primor las elecciones obvias (no sé de ninguna lista de “el mejor cine del 2015” de la que se haya escapado la salvaje ópera post-apocalíptica dirigida por George Miller), los hipsterismos arrebatados (ojo: a mí ya me gustaba Canino antes de que Giorgos Lanthimos se pusiera de moda) y algunas marcianadas que, si doce meses atrás me llegan a decir que estarían entre mis favoritas, no me lo hubiera creído (y lo de marcianadas es literal; ¿Alguien confiaba, a estas alturas, en que Ridley Scott protagonizaría la resurrección cinematográfica del año?).

En resumen: un año de cine cojonudísimo.

15 películas para el 2015 (primera parte)

Los meses de enero/febrero me chiflan, entre otras cosas porque me sirven como coartada perfecta para elaborar listas de “lo mejor y lo peor” del año que acaba de finiquitarse; y pocas cosas son más divertidas que hacer listas de “lo mejor y lo peor” del año. Sobre todo si te las tomas en serio, de manera exhaustiva, con un sentido ineludible de la responsabilidad. Porque ya se sabe que el único modo de dar relevancia a las cosas que no sirven para nada es llevarlas a cabo como si te fuera la vida en ello.

Así pues, aquí os traigo la primera parte (de dos) del videotocho en el que comento mi lista de las mejores y peores películas que he visto durante el 2015. Concretamente las 5 peores y las 15 mejores, tomando como referencia cualquier título que se haya estrenado en las salas comerciales españolas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2015 (con independencia de que en sus países de origen se estrenasen en una fecha anterior). Se quedan fuera, en una supuesta categoría “ni fu ni fa” cintas como Foxcatcher (no sé lo que está tratando de contarme, y la nariz postiza de Steve Carell me pone nervioso), Del revés (la encontré algo desaprovechada, un punto magufa, otro punto cateta y molestamente moralizante), Black Mass (si vas a copiar a Scorsese, cópialo bien joder) o The Assassin (morfológicamente preciosa, sí, pero no superó la prueba del culo). También se quedan fuera por los pelos, como hipotéticas “decimosextas mejores películas del 2015”, Ant-Man, Nightcrawler o 71, todas ellas muy meritorias. Pero claro, por algún lado tenía que cortar…

The Jinx: más extraño que la ficción

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“Claro que no conté toda la verdad. Nadie cuenta nunca toda la verdad”. – Robert Durst en The Jinx.

Antes de empezar, vayamos a lo fundamental… ¿Habéis visto The Jinx? ¿No? Ok, pues atended a lo que os voy a decir: aparcad cualquier otra serie que estéis siguiendo ahora mismo (¿Mr. Robot? ¿Fear the Walking Dead? ¿Better Call Saul? ¡Que les den por el saco, hombre!). Posponed lo que cojones sea que estéis haciendo. De hecho, dejad incluso de leer esta chorrada de artículo… y corred a ver The Jinx. Lo sé, a veces tengo unos gustos un tanto peculiares (me pasé todo un verano defendiendo que la canción Loca, de Malena Gracia, estaba a la altura de cualquier hit de Raffaella Carrà), pero os pido que me hagáis caso en esto. Luego me daréis las gracias. Es más, apuesto a que lo haréis dentro de muy poco, porque los seis episodios de The Jinx enganchan tanto que os la vais a ventilar a una velocidad absurda.

Decir que esta serie documental del canal HBO es el producto más sorprendente que ha parido la televisión en 2015 sería quedarse corto. Cortísimo. Así que para definirla voy a pasarme directamente dos pueblos: dudo que, en la última década, se haya emitido por la pequeña pantalla nada con mayor capacidad hipnótica que The Jinx. La última vez que me quedé tan boquiabierto ante la tele, un boeing 767 acababa de estrellarse contra la torre sur del World Trade Center, no os digo más. Por supuesto, las desventuras del millonario Robert Durst, el protagonista de The Jinx, resultan imposibles de comparar en una escala absoluta con los atentados del 11-S (ni siquiera yo soy tan cafre); pero si hablamos de drama real en estado puro, de mirar la pantalla con las uñas clavadas a los brazos del sillón mientras encadenas “what-the-fucks” uno detrás de otro, me atrevería a decir que, a día de hoy, no vais a encontrar en Netflix muchos estrenos recientes que superen a esto.

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Si The Jinx fuese ficción declarada (algún tipo de falso documental elaboradísimo), valoraríamos su sofisticada factura visual pero no podríamos por menos que ponernos condescendientes respecto a su alambicado guión, que catalogaríamos de tramposo, efectista, excesivamente melodramático y, a la postre, inverosímil. Pero es que, hay que joderse, los hechos que narra son verídicos de cabo a rabo. No sólo eso, sino incluso cabe decir que son “más reales que la realidad”, por cuanto la han acabado modificando. No se trata de un simple reportaje periodístico sobre la vida de Robert Durst, sino de LA VIDA de Robert Durst sucediendo ante nuestros atónitos ojos.

Reduciéndola a su sinopsis básica podríamos decir que The Jinx desgrana, a lo largo de media docena de capítulos, un caso de desaparición/asesinato/no-se-sabe-bien-qué cuyas pistas y consecuencias se diluyen a lo largo de cuatro décadas (desde 1982 hasta ahora). La serie es, por supuesto, muchísimo más que un simple whodunit, pero no voy a daros información adicional porque este pastel se disfruta infinitamente más si lo vas catando a medida que te lo sirven (ahora que lo pienso, ni siquiera tendríais que miraros el tráiler que adjunto bajo este párrafo). Aún así, los ansiosos dispuestos a fastidiarse buena parte de la diversión sólo necesitarán una sencilla búsqueda en Google para enterarse de todos los pormenores del crimen, que en los EE.UU. fue un escandalazo de lo más llamativo.

Baste decir que The Jinx son cuatro horas y media de televisión que te mantienen en vilo de principio a fin (no conozco a nadie a quien se la haya recomendado y haya tardado más de dos sentadas en zampársela entera), que la historia que cuenta es de no dar crédito, que está filmada con un estilazo visual y montada con un sentido descomunal del drama, y que cada episodio incluye al menos uno o dos momentos que te dejan la mandíbula a la altura de la moqueta; y todo eso sin apenas efectismos, sin exceso de casquería en las recreaciones, sin fijar la lupa en el morbo con los entrevistados… pero desplegando una contundencia narrativa que congela la sangre.

all-good-things-posterThe Jinx ha sido dirigida por Andrew Jarecki, y supone cinco años de trabajo realizando entrevistas, revisando pruebas policiales, visitando escenas del crimen y orquestando reconstrucciones dramatizadas con actores. Antes de eso, en 2010, el propio Jarecki ya demostró cierta obsesión por este mismo misterio al dirigir Todas las cosas buenas, un largometraje “basado en hechos reales” en el que contaba lo que se sabía sobre la historia de Durst hasta ese punto. Protagonizado por Ryan Gosling, Kirsten Dunst y Frank Langella, Todas las cosas buenas era un drama voluntarioso pero a la postre tópico y, citando a Bilbo Bolsón, “disperso como mantequilla untada sobre demasiado pan”. A Jarecki le faltaban datos para rellenar los huecos y sobre todo le faltaba un discurso moral. Daba la sensación de que sabía que ahí tenía el germen de una gran trama, pero no había sabido encontrar el formato ni el tono adecuados para contarla. Pero mira tú qué cosas, resulta que Robert Durst vio la película, le gustó el enfoque de Jarecki (que le había pintado bajo una luz positiva, quizás dejándose llevar por cierta fascinación hacia el personaje), y decidió hacerle un regalo que no le había hecho jamás a nadie: concederle una entrevista exclusiva en la que hablar del caso. Ahí, Jarecki encontró su discurso moral. Ahí se gestó una obra maestra. Ahí nació The Jinx.

Se podrá criticar que Jarecki manipule al espectador soltando la información en el orden y con la cadencia que le conviene para lograr mayor impacto, e incluso que sus intereses periodísticos puedan haber llegado a obstruir en algún momento la labor policial, pero de algún modo lo que logra con eso es sumergirnos por completo dentro de la historia, hacer que la veamos del mismo modo en que, a lo largo de los últimos 30 y pico años, debe de haberla visto el público americano (o incluso algunos de los personajes implicados, como por ejemplo el círculo de amigas íntimas de la víctima, que siguieron investigando cuando aparentemente no quedaba nada que investigar).

grid-cell-1542-1426525210-0Dicha fórmula, además, aporta el plus de acabar convirtiendo en detective amateur a cualquier espectador lo bastante motivado. Yo mismo vi The Jinx un poco así, rebobinando la acción para volver a escuchar las palabras exactas de algunos de los testimonios, o parando la imagen para poder leer mejor qué decía tal noticia de periódico o tal listado de evidencias policiales. No me lo pasaba tan bien lanzando teorías al aire desde los buenos tiempos de Perdidos (sí, hubo una época en la que comerse la olla tras un buen episodio de Perdidos era más divertido que follar, no lo neguéis). No obstante, la diferencia principal con Perdidos es que, al acabar cada entrega de The Jinx te viene a la cabeza la misma frase, una reflexión escalofriante que lo pone todo en perspectiva y te deja mirando al blanco de la pared, estupefacto: “Joder… es que todo esto pasó DE VERDAD”. A menudo, un buen documental te sorprende, te entretiene o te hace reflexionar, pero no es nada común que llegue a alterarte tanto como para generar una respuesta física. Sin embargo, viendo los últimos diez minutos del capítulo final tuve que poner la pausa durante un rato. Estaba sudando. Tenía el pulso acelerado. Una parte de mí no quería seguir mirando. En resumen, pasé miedo.

The Jinx desnuda las miserias, ridiculeces legales y fallos de bulto que subyacen en todo procedimiento policial, un sistema falible y por momentos francamente estúpido. La tesis de base es que, en cualquier investigación criminal, lo importante no son tanto las pruebas como la manera de mirar y juzgar esas pruebas, y que la justicia ya no es que sea ciega, sino que a menudo se basa en la empatía que generen las víctimas y los acusados. El esclarecimiento de un crimen puede llegar a decir mucho más sobre la sociedad que lo investiga que sobre el propio crimen. En su día, OJ Simpson se libró increíblemente de una acusación de homicidio pese a tener todas las evidencias en su contra, y lo hizo porque la sociedad prefirió verle como un héroe caído en desgracia. Robert Durst, con su cara de ratón y sus pequeños ojitos negros, que tan pronto parecen los de un demoni0213durst02o como los de un niño que sólo quiere que le abracen, consigue despertar de forma alterna compasión y rechazo, confianza y terror. A medida que avanza la acción nos ponemos de su lado o en su contra, y a veces ambas cosas al mismo tiempo, como en esas películas en las que quieres que el villano se salga con la suya. Como en Pelham 1, 2, 3, por ejemplo, en la que te identificabas con Walter Matthau pero no podías dejar de cruzar en secreto los dedos para que la banda de atracadores liderada por Robert Shaw se saliese con su plan. La gracia de The Jinx es que en ciertos episodios no tienes ni pajolera idea de cuál de los dos arquetipos, víctima o villano, es Robert Durst.

Jarecki ya nos había puesto el alma del revés hace algo más de diez años con Capturing the Friedmans, otro documental que incluso llegó a estar nominado al Oscar, y que explicaba la desintegración interna de una familia a partir de sus filmaciones caseras, tras una acusación de pederastia. Capturing the Friedmans no se preocupaba tanto en demostrar culpabilidades o inocencias como en certificar que la verdad absoluta, a veces, no es más que un constructo de nuestra mente, una papilla de valores morales sacralizados y percepciones distorsionadas que la sociedad se traga sin hacerse más preguntas. Este es también el discurso de fondo de The Jinx. La verdad es mutable, porque en realidad lo único que importa, lo único que tendrá consecuencias, es la verdad que alcanzamos a percibir. La verdad es lo que ocurre mientras la cámara sigue filmando.

Y ahora sed buenos, haced lo que os dice el tito Pamundi y ved The Jinx

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