Festival de Cine de Sitges 2015 – Día 2 (sábado 10)

Segunda jornada de festival. Tal como prometí, este vídeo es más corto. Concretamente, diez segundos más corto. Menos duración pero mismo LOL; y más decadente todo también. Mi degradación física y mental sigue su curso a buen ritmo. Para el sexto videoblog, calculo que ya habré logrado que tengan una duración manejable y como bonus no se entenderá nada de lo que digo. Aquí la crónica escrita, y aquí la crónica en movimiento:

Festival de Cine de Sitges 2015 – Día 1 (viernes 9)

Primer día de festival. ¿Cinco minutos por vídeo? LOL. Evidentemente, va a ser que no. Es lo que pasa cuando no tienes tiempo para ensayar ni prepararte un guión que lo sintetice todo un poco, y además te lo estás pasando bien contando cosas. Aquí la crónica escrita, y aquí el videoblog (os recuerdo que las paridas que cuento en ambos formatos tienen cosicas diferentes):

Festival de Cine de Sitges 2015 – Día 0 (jueves 8)

¡Chavalada!, os aviso de que voy a ir colgando por aquí (al ritmo que pueda y me apetezca) los enlaces a mis artículos y vídeos de cobertura del Sitges 2015, Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya. Los artículos aparecerán publicados en la web del Diario de Venusville (en la que escribo habitualmente), y los vídeos estarán disponibles en mi canal de You Tube (siempre y cuando me aclare con el iPhone a la hora de subirlos, porque es la primera vez que intento hacer este tipo de mierda y soy un tarugo tecnológico de primer orden). Para abrir fuego, aquí os dejo mi clásico articulín previo de pelis imprescindibles, y el primer vídeo. Como de costumbre sólo digo chorradas, pero salgo bonico (¡Mirad qué pelazo, por favor!) y las digo con un salero innegable:

PAMUNDI MUSIC AWARDS 2014, parte 1

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INTRO COÑAZO

Más vale tarde que nunca, decían, ¿No? Pues efectivamente, más tarde que nunca (mediados de febrero) llegan los PAMUNDI MUSIC AWARDS en su edición 2014 (la octava ya). El buen gusto y el eclecticismo “poser” bien entendido llaman a la puerta de vuestra caverna, oh botarates, para traeros la LULZ de la razón en forma de CRITERIO musical.

¿De qué diantres estoy hablando, se preguntarán quienes entren en contacto por primera vez con esta mierda? Pues corto/pego la misma explicación que suelto en cada nueva edición: los PAMUNDI MUSIC AWARDS son mis listas particulares de los que considero mejores álbumes y tonadas del año recién acabado. La lista de álbumes incluye 20 entradas, mientras que la de tonadas incluye 70. ¿Por qué 20 y 70? Esto ya me cansé de explicarlo en el 2012, así que tiremos millas…

Escucho lo que escucho a base de seguir la actualidad de webs como Popmatters, Consequence of Sound, Tiny Mix Tapes, The Wild Honey Pie, Stereogum, Pitchfork, Uncut, Any Decent Music, NME, Spin, Paste, Mojo, Hipersónica, Jenesaispop o The Needle Drop (no puedo dejar de recomendar especialmente esta última, el excelente video-blog de Anthony Fantano). En cuanto a revistas de papel impreso, tal como está el patio cada vez me parecen un medio más lento y menos relevante, así que con los años mi consumo se ha ido reduciendo hasta limitarse a algún número ocasional de Mondosonoro y RockdeLux (los especiales con “lo mejor del año”, sobre todo).

Como de costumbre, voy a empezar dando la brasa con un artículo de resumen sobre lo que me ha parecido esta añada musical…

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Un curso raro en lo musical, este 2014. Lleno de “comebacks” inesperados, algunos de los cuales han salido muy bien (Neneh Cherry), otros ni fu ni fa (Bryan Ferry), y algunos incluso han hecho pasar vergüenza ajena a más de un fan (Pixies). Además, han saltado al primer plano muchos artistas que hasta ahora siempre habían permanecido un poco a la sombra de las grandes estrellas del pop/rock alternativo. Ha sido el año de Future Islands (su arrasador paso por el programa de David Letterman es posiblemente el momentazo del 2014), de The War on Drugs, de Lana del Rey (Ultraviolence es un disco fantástico de baladones fantasmagórico-glamourosos que nadie esperaba tras el acartonado Born to Die de hace dos años), o sobre todo de Sia, una escritora de canciones para gente como Beyoncé, Rihanna, Kylie Minogue o Madonna que por fin ha decidido dar un paso al frente y componer hits para sí misma, erigiéndose en la reina del cotarro gracias a un álbum, 1000 Forms of Fear, prolijo en estribillos descomunales como los de Chandelier o Fire Meet Gasoline, y además orinándose en el manido concepto de “diva pop” (se negó a mostrar su cara en el libreto del disco, no aparece en ninguno de sus videoclips e incluso ha llegado a actuar de espaldas a la cámara en algún programa de TV). Sia es una de esas tipas que caen bien porque aportan inteligencia a un negocio que normalmente está más dominado por la capacidad de enseñar pechuga que por los valores musicales.

En el 2014 he vuelto a pulverizar mi récord de escuchas, metiéndome por los tímpanos la burrada de 320 álbumes nuevos, que son bastantes más que los 230 del año pasado o los 180 del 2012. Ha sido casi sin querer, no creáis, porque la sensación que tengo no es la de haberme saturado mucho más de música que otras veces, sino todo lo contrario. A esto, sospecho, ha colaborado decisivamente mi suscripción a Spotify Premium (tenían una oferta de tres meses a 1€ y me tiré en plancha). Eso me ha permitido acceder a mucha más música y sobre todo de manera mucho más fácil (en el ordenador, en el móvil, en la tele… todo el día dándole). En Spotify no lo encuentras todo (como ausencias notables destacaría a Taylor Swift o el último de Ty Segall, por ejemplo), pero sí CASI todo. En general estoy más contento que unas pascuas con ellos.

Posiblemente, este haya sido el año de la última década en el que he visto más música en directo. Aparte del festín del Primavera Sound (experiencia mariana con The National, Neutral Milk Hotel y Slowdive), estuve en el Aloud Music Festival (salvo excepciones como Unicornibot, bostecé lo mío) y en el extraño BIME Live de Bilbao (repitiendo con The National, alucinando con Mogwai y quedándome más frío que caliente con el resto). Si a eso le sumo los conciertos sueltos, que si Depeche Mode (aunque sus discos sean ya inofensivos, en directo le siguen pintando la cara a cualquiera), que si Sharon Van Etten (me quiero casar con ella), que si El último vecino (Golpes Bajos meets El último de la fila meets Joy Division, para dar forma al grupo de synth-pop más estimulante del momento), la verdad es que no he parado.

Pixies-MichaelHalsbandLO QUE NO

Contrariamente a mi impresión del año pasado, creo que el 2014 ha sido un año flojo para la “electrónica pura”. Aphex Twin, Dntel, Caribou, Ben Frost, Arca o Simian Mobile Disco han sacado sendos discos que en general han cosechado buenas críticas, pero que a mí me han dejado igual. Es bastante sintomático que lo más interesante y fresco que he escuchado en este campo haya sido el álbum homónimo de Caustic Window (alias tras el que se esconde Richard D. James, o sea Aphex Twin), un disco que se compuso en 1994 y que se ha tirado 20 años en un cajón hasta ser finalmente publicado. Tampoco mis adorados Mogwai han logrado unos resultados sobresalientes en su (encomiable pero un tanto fallido) giro hacia las bases programadas, y al disco de despedida de Röyksopp le ha faltado sustancia para ser algo más que una buena colección de singles. Todd Terje ha estado bien como divertimento bailable, pero al cabo de un rato todos sus temas me acaban pareciendo variantes de la banda sonora del videojuego Out Run.

En cuanto a las sonadas decepciones, puedo destacar a unos The Horrors a los que por fin se les ha visto el truco (una de esas bandas que había ido cambiando de sonido, no tanto en base a aquello en lo que creían sino en base a aquello que les funcionaba; y en su reciente Luminous funcionan pocas cosas), a unos Interpol que difícilmente podrían volverse más irrelevantes, o a una Zola Jesus que se mueve como pez en el agua al colaborar con otra gente (M83, Orbital…) pero que cuando se queda sola en la intemperie con disco propio parece una mala copia de iamamiwhoami (quien a su vez este 2014 ha editado otro disco en el que parece una mala copia de sí misma…). Sin embargo, todos esos tropezones palidecen ante la debacle del año: los Pixies.

En la vida hay pocas cosas de las que uno pueda fiarse con los ojos cerrados, y hasta no hace demasiado los Pixies eran una de ellas. Entre el 87 y el 91 los de Boston cuajaron un catálogo de discos perfecto, tuvieron una influencia en el panorama del rock alternativo como nadie ha tenido desde entonces, y dieron una lección de inteligencia al separarse estando aún en la cima, antes de caer en cualquier tipo de decadencia. Siempre se les puso como un ejemplo de coherencia, actitud e integridad. Todo eso se fue a cagar a la velocidad del trueno el 19 de abril del 2014, cuando apareció en las tiendas de todo el mundo una inanidad como Indie Cindy, el inexplicable e innecesario retorno al estudio de grabación de Frank Black, Joey Santiago y David Lovering (Kim Deal, con buen criterio, decidió ahorrarse el manchurrón en su currículum). En realidad los fans llevábamos meses escaldados, pues las canciones de Indie Cindy habían visto ya la luz repartidas en tres EPs a cual más decepcionante. A ver, no es que sea un álbum forzosamente terrible (la mayoría de cortes son simplemente mediocres, y hay un par que quizás merecerían un 6 sobre 10), pero no tiene estructura, personalidad ni músculo. Baladas inanes, riffs sin la menor dinámica, estribillos redundantes, un tono general de desgana… The Pixies copiando a los puñeteros Weezer, lo que me faltaba por escuchar en esta vida. Es el tipo de música del que los fans de los Pixies nos reiríamos si la hubiese hecho cualquier otra banda. Nunca creí que una canción suya me haría sentir bochorno. Nunca.

Adam Granduciel, The War on Drugs, TBD Fest, 2014

LO QUE SÍ

Cualquier año en el que Swans publican disco nuevo, es un buen año. Desde que se reformaron en algún punto indeterminado del 2009, tras más de una década de hacer cada uno la guerra por su cuenta, no sólo no han fallado ni un tiro al centro de la diana sino que han ido afinando más y más la puntería, partiendo por la mitad la flecha anterior con cada nuevo disparo, como Robin Hood. My Father Will Guide Me up a Rope to the Sky fue un álbum excelente, seguido dos años más tarde por una obra maestra como The Seer (mejor álbum y mejor canción de los PAMUNDI MUSIC AWARDS 2012). Parecía una gesta imposible que su trabajo del 2014 fuese todavía superior, pero se las han ingeniado para reventar de nuevo las expectativas. ¿Son infalibles? Desde luego lo parecen. To Be Kind es violento, extremo, gutural, denso, sofocante y maravilloso. Es el ruido, el caos y la mala hostia destilados a una forma pura de belleza.

Que la banda de rock más arriesgada y estimulante del planeta esté liderada por un tipo que anda ya por la sesentena podría parecer preocupante, a la hora de hacerse una visión de conjunto del presente panorama musical. Por suerte, detrás de Swans vienen todo un pelotón de artistas más jóvenes que diluyen esa sensación: Ariel Pink, el hiperactivo Ty Segall (el 2014 ha sido “tranquilito” para él; sólo ha sacado un disco…), St. Vincent, The War on Drugs (nadie ha grabado guitarras eléctricas más escalofriantemente bonitas que ellos en el 2014), Sharon Van Etten, D’Angelo (que se descolgó a finales de diciembre con una masterpiece de funk y R&B como Black Messiah, pillando tan por sorpresa a todo el mundo que ni siquiera dio tiempo a incluirlo en muchas listas de “lo mejor del año”), Perfume Genius, Sun Kil Moon (Mark Kozelek partiéndonos el alma a base de poesía costumbrista) o la inteligentísima mezcla de ritmos no convencionales de tUnE-yArDs (tras escuchar los euforizantes tres minutos que dura Water Fountain, es difícil de entender que hace poco Merrill Garbus se plantease en serio dejar la música porque creía no tener talento…); y en el “frente nacional”, otro tanto. Ahí están Single, Los Punsetes (cuando empezaron mucha gente se los tomaba a broma, pero ya acumulan una buena ristra de himnos generacionales), Cuello (recogiendo con mucha inteligencia los guitarreos noventeros y metiéndoles una marcha más) o El columpio asesino certificando una de las mejores generaciones de bandas españolas desde principios de los 90. El presente es suyo, son quienes hoy en día marcan la senda y a quienes habrá que mirar cuando, dentro de diez o quince años, se quiera analizar lo que dio de sí la segunda década del siglo XXI. Yo diría que la cosa pinta bien. Estamos en buenas manos.

Y más o menos esto es todo lo que puedo destacar del 2014 a nivel musical. Mañana postearé la primera parte de la lista de los 20 DISCAZOS del año (puestos 20 al 11), pasado mañana la segunda parte (puestos 10 al 1), y al tercer día el gran colofón: la lista de las 70 MEJORES TONADAS (con sus enlaces de escucha y todo).

Millones de gracias a Amaia Carreira por diseñarme los chulísimos banners que dan imagen a los PAMUNDI MUSIC AWARDS 2014, y a Keka Puchades por sus tutoriales y soporte técnico a la hora de montar este blog, cuya principal razón de ser era poder colgar todo esto de manera ordenadita y lucida. Ha quedado así de chulo gracias a vosotras dos. Sois la reostia.

Arrancan los PAMUNDI MUSIC AWARDS 2014. Let’s have some fun, muthafuckas!!!

Cuando los vi tocar en un concierto de reunión, hace nueve años, recuerdo de manera nítida la excitación que sentí, compartida por el resto de veinteañeros que me rodeaban, mientras todos cantábamos “Hey” a coro. Quizás estaba escrito que ese momento no debía ocurrir. Era como si estuviéramos engañando a la muerte, o al tiempo, y al igual que en todas las fábulas del estilo “Cuidado con lo que deseas…”, estaba claro que aquello nos explotaría en la cara de un modo u otro; y así ha sido. Pronto, muy pronto, nadie recordará casi nada sobre este disco, o sobre su misma existencia. Pero su publicación es una pequeña tragedia, suficiente para hacerme desear que la reunión de la banda, e incluso aquel concierto mágico que les vi, nunca hubieran tenido lugar…” – Jayson Greene, en su reseña para Pitchfork del álbum EP-1 de Pixies.

PAMUNDI MUSIC AWARDS 2013, parte 1

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INTRO
¡Aaaaaay que te cojooooooo… hoooola hermosuras! Si esto es febrero del 2014, significa que ya toca ir celebrando la VII edición de los PAMUNDI MUSIC AWARDS, ese faro de CRITERIO que os alumbra el camino hacia la arcadia del buen gusto musical, liberándoos de la tiranía de la radiofórmula, el papanatismo hipster (“A mí me gusta lo que dice Pitchfork”) y el inmovilismo trogloditarl (“Yo me quedé en el Sultans of Swing de Dire Straits”). Desde el otro lado del teclado, puedo notar vuestro alivio.

 Como ya sabéis de sobra, los PAMUNDI MUSIC AWARDS son mis listas particulares de los que considero mejores álbumes y tonadas del año recien acabado. La lista de álbumes incluye 20 entradas, mientras que la de tonadas es de 70. ¿Por qué 20 y 70? Joder, cada año estamos igual. Preguntádselo al de al lado.

Mis fuentes musicales, igual que siempre, han sido páginas web como Popmatters, Consequence of Sound, Tiny Mix Tapes, The Wild Honey Pie, Stereogum, Pitchfork, Uncut, Any Decent Music, NME, Spin, Paste, Mojo, Hipersónica, Jenesaispop o The Needle Drop, además de revistas en papel como Mondo Sonoro o Rockdelux. En este 2013 he batido una vez más el record del año pasado y, frente a los 180 álbumes que escuché entonces, esta vez he llegado a los 230 (casi tres cuartas partes de ellos entre los meses de octubre y diciembre).

Pues eso, chiquillería, que empiezan los PAMUNDI MUSIC AWARDS 2013. Abro fuego con un post a modo de resumen de lo que me ha parecido el año musical. Enjoy!

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Dejémonos de zarandajas y discursos gastados sobre la fertilidad creativa en tiempos de crisis y sobre el poder reivindicativo del pop: a un nivel puramente musical, a mí el 2013 me ha parecido un año más bien tontito. Como de costumbre, en 365 días se edita mucha matraca, y la cosecha siempre da de sí lo suficiente como para confeccionar una lista de 20 discos cojonudos; pero si esta vez me he cascado tantísimos álbumes más que el año pasado, sospecho que también ha sido porque me he visto obligado a tener que escarbar más en busca de las trufas. Pocas cosas me han sorprendido o entusiasmado (Fuck Buttons, The Knife…), unas cuantas me han decepcionado profundamente (Arcade Fire volviendo a su versión más plomiza, Kanye West convirtiendo en un chiste su gusto por las distorsiones de voz…), y la mayoría me han producido indiferencia o tedio (no entiendo qué tienen de especial Chvrches o Sky Ferreira, más allá de dos o tres canciones pegadizas).

TENGO UNA NOTICIA BUENA Y UNA MALA.
LA BUENA NOTICIA ES QUE…



Quizás, entre lo positivo que ha deparado el año, lo más vistoso haya sido la publicación por sorpresa del disco homónimo de Beyoncé. Apareció en diciembre sin ninguna promoción más allá del boca a boca de los fans, logrando un descomunal efecto bola de nieve en las redes sociales y descolocando durante unos días al resto del negocio musical. Una jugada de “anti-márqueting” viral tan inesperada como magistral. Lady Gaga, a quien nadie hizo demasiado caso pese a la llamativa promoción de su nuevo álbum Art Pop (aburrido y hortera en el mal sentido), debía de estar en casa royéndose los sostenes de envidia. El hecho de que, además, Beyoncé sea el trabajo musicalmente más maduro de toda la carrera de la Knowles, la distancia ya de manera definitiva de cualquier competencia posible. Aquí manda ella. Bueno, manda ella… con permiso de Janelle Monáe, la única que no solo la iguala en carisma y dominio escénico, sino que la supera a nivel de ambición musical. Su The Electric Lady es la secuela casi perfecta al The Archandroid con el que debutó hace dos años, y la confirma (si es que hacía falta) como lo mejor que le ha pasado al pop mainstream desde que Michael Jackson cambió de plano de existencia.

Hablando en términos generales, la música electrónica le ha pasado la mano por la cara al rock y al pop de guitarras (solo hay que ver los primeros puestos de la mayoría de listas de mejores del año), gracias a obras mayores como el Slow Focus de los Fuck Buttons (menos abrasivos pero igual de demoledores e intensos que siempre), el eclécticismo sonoro bien asimilado del Shaking the Habitual de The Knife, los ambientes fantasmagóricos del Virgins de Tim Hecker o el buen gusto bailable de unos Daft Punk que con Random Access Memories han sido recuperados para la causa, firmando además la que sin duda es la canción del año, Get Lucky (un clásico instantáneo, en una época en la que casi todo se mastica, se traga y se olvida a los diez minutos).

Aparte de esto, el 2013 ha visto un inusitado nivel de buena música por parte de artistas veteranos de los que no se esperaban noticias. Al menos a mí me ha dejado de piedra (nunca mejor dicho) que Queens of the Stone Age facturasen con …Like Clockwork no solo su mejor disco, sino el mejor disco de hard rock del año. Igualmente notable ha sido el estado de forma demostrado por Pet Shop Boys (Electric son posiblemente los 49 minutos de música más pegadizos que han compuesto en una década), Suede (que con Bloodsports han vuelto a lo que saben hacer mejor), David Bowie (aunque su voz ya no es lo que era, a nivel compositivo The Next Day es un “quien tuvo, retuvo” bastante notable), o My Bloody Valentine, que han cruzado el túnel del tiempo para firmar mbv, una continuación tan coherente de Loveless que nadie diría que ambos han sido grabados con 20 añazos de diferencia.



…Y LA MALA NOTICIA ES QUE…

Hasta los fans irredentos deberían reconocer que algunos de los álbumes más esperados del año no han estado a la altura de las expectativas. Esto ocurre siempre, sí, pero en el 2013 el debate al respecto ha sido especialmente animado. Que Phoenix han patinado con su Bankrupt!, que MGMT han confirmado que no volverán a componer temas de la redondez de Time to Pretend o Kids, o que Autechre y Boards of Canada se han cascado dos de los discos más soporíferos de sus respectivos catálogos, es algo que poca gente discute. Más divergencia de opiniones han generado The National (personalmente Trouble will Find Me me gusta, pero creo que está lejos de la excelencia de High Violet), o los ya mencionados Arcade Fire (Reflektor es un disco en general muy autocomplaciente, por parte de una banda que cuando es buena es muy buena, pero que cuando se cree por encima de su música suele caer en el “overacting and underwriting”; al menos el single que da título al álbum es fantástico).



Mención aparte merece Yeezus, el CD publicado por Kanye West en 2013, del que me gustaría decir cuatro cosas (literalmente): 1) Estoy harto de sus gorgoritos con el auto-tune, me parece un recurso cansinísimo ya, que me arruina por completo algunas canciones (Hold my Liquor, Blood on the Leaves…); 2) Estoy harto de las letras en las que, básicamente, se dedica a airear su vida privada rollo “Sálvame de Luxe” versión hip-hopera (cuando se pone así me aburre); 3) Estoy MUY harto de que utilice la palabra “bitches” de manera genérica para referirse a las tías, y de que haya tanto fan tontolaba que se lo aplauda (cuando se pone así me cabrea); y 4) Valoro la voluntad experimental que West ha demostrado en Yeezus, pero la experimentación por la experimentación no basta, y su disco, con algunas excepciones (Black Skinhead, Bound 2…) me parece machacón, demasiado largo y por momentos ridículo.

Hale, eso es todo lo que os quería explicar. En el siguiente post empezamos con la primera parte de la lista de los 20 DISCAZOS (puestos 20 al 11), luego seguiremos con la segunda parte (puestos 10 al 1), y finiquitaremos el asunto con la lista de las 70 TONADAS. Empiezan los PAMUNDI MUSIC AWARDS 2MIL13: disfrutadlos, compartidlos, comentadlos…



“Avanza el disco y parece que va a pasar algo, pero no. No ocurre nada y lo único que queda es un recetario de melodías subyugadas por el melodrama y parches de pop y folk que deberían llevar impresa esa leyenda de ‘dramatización’ que aparece en los anuncios de lavavajillas. Las canciones al servicio del estilo, y no a la inversa, que es como debería ser.” – David Moran, en su reseña para Rockdelux del álbum Let’s be Still de The Head and the Heart.

PAMUNDI MUSIC AWARDS 2012, parte 1

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¡Hola chiquillería! Un año más (o un año menos, dirán los pesimistas), It’s time for the PAMUNDI MUSIC AWARDS!!! Tras las listas de lo mejor del año de Rockdelux, Mondosonoro y demás cantamañanas con un oído enfrente del otro, por fin vuelve el criterio (espera, que lo escribo más gordo), digo que vuelve EL CRITERIO, para revelaros (oh botarates) las principales maravillas musicales del 2012. Para los que se incorporen por primera vez a esta soberana parida, decir que los PAMUNDI MUSIC AWARDS son una serie de listas en las que me dedico a informar al mundo sobre mis discos y tonadillas favoritas del año recién finiquitado. Las listas son dos: la de los 20 mejores álbumes y la de las 70 mejores canciones (tonadas).

 Pero antes de revelarlas, voy con una pequeña reflexión sobre lo que han deparado el pop, el rock y la electrónica en los últimos doce meses…

RESUMEN DEL AÑO, MUSICALMENTE HABLANDO
Mi escaneo de la música aparecida a lo largo del 2012 ha sido todo lo exhaustivo que mi cerebro ha podido asimilar (estoy ya al borde del colapso; me voy a pasar los próximos dos meses escuchando exclusivamente zarzuela y tertulias futboleras). He consultado varios listados de todo lo que se ha publicado, y he buceado arriba y abajo por las listas de lo mejor del año de multitud de webs y revistas especializadas. En total, diría que he escuchado unos 180 álbumes (aparte de algunos EPs). Obviamente, “escuchar” es un término un tanto subjetivo, porque ha habido discos con los que a la segunda canción ya le estaba dando al botón de “next”, como por ejemplo el último de Smashing Pumpkins (no sé ni para qué lo intenté, si ya sabía de antemano que me iba a parecer un montón de heces), o el de The Ting Tings (nunca he sido muy fan, pero su último disco es tan garbancero que resulta incluso cómico).


Cuando hace un par de meses me arremangué y me puse en serio a elaborar estas listas, me pareció que había sido un curso flojo, principalmente por los síntomas de agotamiento que parecían mostrar algunos pesos pesados como Animal Collective o Grizzly Bear (al menos a mí su último trabajo me ha aburrido cosa mala). Sin embargo, con el correr de los discos empecé a darme cuenta de que en realidad el 2012 ha sido un año de “regeneración generacional”, que nos ha presentado en sociedad a unos cuantos artistas (algunos debutantes, y otros que simplemente han logrado por fin adquirir visibilidad) que serán quienes llenarán de público los festivales de los próximos años (algunos ya empiezan a ser cabezas de cartel ahora). Gente como Grimes, Django Django, Purity Ring, Japandroids o Sharon Van Etten.

En general, el año ha sido deprimente. La macro-crisis que vivimos ha dado lugar a muchos discos tristes, melancólicos, incluso con una estética austera (igual no es más que una paranoia mía, pero mirad en la lista cuántas portadas hay en blanco y negro, o impresas a una sola tinta). Por eso los pocos chispazos de luz que ha habido han llamado aún más la atención. Cosas como el Harmonicraft de Torche (heavy metal cuatricolor y expansivo, sin rastro de la ominosidad de cartón piedra tan típica del género; un disco realmente sorprendente), el Celebration Rock de Japandroids (la fiesta teen por excelencia; lo escuchas y te dan ganas de volver a tener acné), el bizarre-pop de los debutantes Django Django, o la psicodelia pirotécnica de unos Tame Impala que se han cascado uno de los “breakthrough albums” del año, entrando como un bulldozer en las ligas mayores (éstos sí que van a llenar festivales a partir de ahora…). En el otro extremo del espectro, no obstante, han habido artistas que han sabido explorar la oscuridad y la chunguez con una calidad impepinable, como Sharon Van Etten y Perfume Genius con sus escalofriantes canciones de desamor, Sebastien Tellier, Purity Ring y Beach House con sus redondas melodías de fantasmagoria lisérgica, o Godspeed You! Black Emperor y especialmente Swans con su contundente mala baba.

Sin embargo, si hay que destacar a un nombre en este 2012, ese es el de Ty Segall. Este tipo ya llevaba un lustro dando guerra, pero este ha sido el año de su eclosión. Desde un género tan olvidado como el garaje-rock, Ty Segall ha editado no un disco, ni dos… sino TRES, y a cual mejor. Dos de ellos, Slaughterhouse y Twins han entrado en la lista, y el tercero, Hairs, se ha quedado fuera por los pelos (nunca mejor dicho). Leo en la Wikipedia que el muchacho milita en no menos de siete bandas distintas (Fuzz, The Traditional Fools, Epsilons, Party Fowl, Sic Alps, The Perverts, Ty Segall Band…). ¿Pero cuándo coño duerme? Me parece un puto genio, y solo tiene 25 tacos. Lo cual quiere decir que probablemente ni siquiera ha publicado aún su mejor obra…

En resumen, el 2012 ha acabado dando la razón a quienes aseguran que los periodos de crisis disparan la creatividad artística (y con la que está cayendo, vaticino que nos espera una década cojonuda en este aspecto). Para comprobarlo, solo tenéis que dar una escucha a los posts con las listas de mejores discos y mejores tonadas que os he confeccionado este año. Disfrutadlas, compartidlas, comentadlas…

No matter how much air freshener you spray, eventually you’re going to smell the crap.” — Anthony Fantano, de The Needle Drop, en su video-reseña del disco Born to Die, de Lana del Rey.