Diumenge de Rams

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En el verano de 1978 yo tenía 9 años (a punto de cumplir 10), y en los cines de toda España se estrenaba la comedia dirigida y protagonizada por Warren Beatty El cielo puede esperar, remake de la muy entretenida El difunto protesta (Alexander Hall, 1941). Por aquel entonces Warren Beatty era una estrellaza de Hollywood cuyo anterior filme, Shampoo, había reventado la taquilla y le había valido una nominación a los Oscar (como guionista) y otra a los Globos de Oro (como actor de comedia). El cielo puede esperar suponía, además, su debut tras la cámara.

Por tanto, la película se estrenó a todo trapo en Barcelona, en el cine Coliseum (uno de los más grandes de la ciudad), con un cartel gigantesco presidiendo la fachada. Era una ilustración extraordinariamente detallada (obra de Birney Lettick, autor de muchas portadas para la revista Time), en la que se veía al protagonista vestido con chandal y zapatillas de deporte, mirando en actitud casual un reloj de mano, mientras ignoraba las luces celestiales que se anunciaban a su espalda. Lo que llamaba más la atención, no obstante, lo que le daba toda su fuerza visual y tenía capacidad para disparar la imaginación de un niño, eran las gigantescas alas de ángel con las que estaba equipado el personaje. En conjunto, parecía un superhéroe en su día libre. Es una ilustración de otra época, de una escuela que hoy apenas existe, de cuando los posters de cine eran pequeñas obras de arte que decían algo, que te intrigaban y te arrastraban a comprar una entrada. Hoy todo son putas fotos de cabezas flotantes.

Yo pasaba a menudo por delante del Coliseum y siempre se me quedaban los ojos clavados en el cartel, como si fuera un perro viendo una ristra de salchichas. Aquella imagen me generaba una fascinación y una curiosidad tremendas, y no me la quité de la cabeza hasta que por fin conseguí ver la película (al año siguiente, en un cine de verano en Tossa de Mar). Para ser una comedia romántica, me folló la mente más allá de toda lógica. Por algún motivo que ignoro se fijó en mi subconsciente hasta el punto de que aún hoy, cuatro décadas más tarde, se me hace un nudo en la garganta sólo con escuchar el estupendo tema musical de Dave Grusin.

De todos modos, más allá de la calidad de El cielo puede esperar como comedia con toques de género fantástico (a mí me parece que es estupenda y que le da sopas con honda a la original), lo que más me llamó la atención fue su trasfondo de fútbol americano: en principio el personaje central debía haber sido un boxeador, al igual que en la película de 1941, pero la negativa de Muhammad Ali a protagonizarla llevó a Beatty a asumir él mismo el papel, modificando la trama para que fuese el quarterback titular del equipo de fútbol americano Los Angeles Rams. Aunque en los años 70, en España, el fútbol americano era tan desconocido como el sánscrito, a mí eso me dio igual; con lo que yo me quedé prendado de inmediato fue con el equipamiento de los Rams y en especial con su casco, de un llamativo color azul y decorado por unos espectaculares cuernos amarillos. Me hice fan de los Rams antes incluso de hacerme aficionado al fútbol americano. Fue, simple y llanamente, un puñetero flechazo.

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A día de hoy los Rams siguen siendo mi primer equipo deportivo, por delante incluso del F.C. Barcelona. Cambiaría sin pensarlo un instante todas las Champion Leagues blaugrana por otros tantos trofeos Vince Lombardi para los carneros. Tengo tres sudaderas oficiales del equipo, además de una camiseta de Los Angeles Rams que me regalaron hace más de dos décadas y que ya apenas se tiene en pie pero que jamás tiraré a la basura (y menos ahora que vuelve a estar actualizada: en el 95 se mudaron a St. Louis, Missouri, y 20 años más tarde han vuelto a Los Angeles, donde han sido recibidos con los brazos abiertos y con un proyecto de estadio nuevo que quita el hipo). En el 2012 los Rams jugaron un partido oficial de temporada regular en Londres y allí estuve, puliéndome los ahorros que no tenía para poder verles palmar en directo en el estadio de Wembley (un 45-7 la mar de salao contra los New England Patriots). Este año repiten visita a la capital inglesa, para enfrentarse en el Twickenham Stadium a los New York Giants (probablemente mi segundo equipo preferido) y huelga decir que, a menos que antes me parta un rayo o me atropelle un trolebús, para allá que me iré otra vez. Mis amigos me dicen que estoy chalao. Yo les respondo que tenía 9 años.

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Uno se engancha a un club deportivo por razones muy diversas, aunque casi todas tienen que ver con vínculos emocionales y/o familiares. En el caso de los equipos de tu ciudad o tu país natal la conexión es evidente, pero en cuanto a las franquicias de ligas americanas que difícilmente has mamado desde pequeño, acostumbran a establecerse nexos singulares, y suelen tener que ver con la admiración que despiertan los ganadores. Así, quienes descubrimos la NBA en los 70 y principios de los 80 nos hicimos de los L.A. Lakers (Magic Johnson, Kareem Abdul Jabbar…) o de los Boston Celtics (Larry Bird, Kevin McHale…), mientras que quienes la descubrieron una década más tarde se hicieron de los Chicago Bulls (Michael Jordan y otros cuatro tíos que jugaban a su lado). De manera similar y hablando ya de fútbol americano, en España hay mucho aficionado veterano de los San Francisco 49ers y de los Cincinatti Bengals, porque fueron los dos rivales que se enfrentaron en la primera Superbowl que se televisó por estos lares, a finales de los 80 (recuerdo haber visto la emisión por TV3); y quienes empezaron a ver dicho deporte a principios de los 2000 se hicieron mayoritariamente de los New England Patriots, que en aquel entonces eran la fiebre a seguir.

Kurt WarnerLo de los Rams es, si cabe, más curioso. A lo largo de mi existencia, a base de charlar sobre la NFL aquí y allá, me he ido encontrando con un puñado de tipos de más o menos mi edad que también son seguidores del equipo, con un nivel de fanatismo parecido al mío (no diré que igual, porque yo rozo lo psicótico); y casi todos se convirtieron a la fe verdadera tras haber visto El cielo puede esperar a una edad en la que aquello tenía capacidad para afectarles profundamente. Somos de los Rams porque les vimos en una película, cuando ni sabíamos a qué deporte jugaban. Nos hicimos fans muchos años antes de tener la posibilidad de verles en acción, sin saber si eran buenos o malos; sin saber, de hecho, que se trataba de un equipo básicamente perdedor. No conozco muchos casos similares, y creo que el hacernos conscientes de este detalle nos llevó a encariñarnos con ellos mucho más de lo que sería razonable. Los Rams solo han ganado una Superbowl en sus 79 años de historia. Fue en 1999, contra los Tennessee Titans, y yo no puedo volver a ver los dos últimos minutos de aquel partido sin que se me humedezcan los ojos por las lágrimas. ¿Otro ejemplo? Uno de los momentos de mi vida en los que he sentido más orgullo, genuino y honesto orgullo, fue en abril del 2012, cuando Torry Holt, ex-jugador mítico de aquellos Rams campeones y que en ese momento militaba ya en otro equipo, decidió dejar definitivamente el deporte en activo. El día antes de anunciarlo en rueda de prensa firmó un contrato de 24 horas de duración con los Rams, para poder retirarse como jugador del club de sus amores. Si algún día Torry Holt necesita un trasplante de riñón, solo tiene que ponerse en contacto conmigo.

temp460102684--nfl_mezz_1280_1024¿Y cuál es exactamente el motivo de esta entrada de blog, aparte de explicar una colección de batallitas que van de lo irrelevante a lo directamente moñas? Pues que estamos en vísperas de Semana Santa y hoy en Catalunya es Diumenge de Rams, una festividad que lógicamente, como fan fatal de dicho equipo, observo con especial fervor, y que me impele a hacer públicos unos versículos en recordatorio de aquella única Superbowl que nos llevamos a las vitrinas, hace ya demasiados años…

PADRE NUESTRO DE LOS RAMS
Nick Foles que estás en el huddle,
santificadas sean tus estadísticas,
vengan a nosotros tus touchdowns,
hágase tu voluntad,
Así en los partidos de casa como en campo ajeno.

Las trescientas yardas de pase en cada partido,
dánoslas hoy,
y perdona nuestros insultos,
así como nosotros perdonamos tus intercepciones.

No nos dejes caer en el partido de wild card,
y líbranos del fumble,
Amen.



HECHOS DE LOS RAMS 2, 14-15

Entonces Kurt Warner, puesto de pie en medio de los once, levantó la voz y se expresó así: 4-21-13, formación en shot gun, play action hacía la derecha. ¡Hut-hut-hut!

Y he aquí que cuando Warner recibió el snap, un jugador de los Titans rebasó la linea en acción de blitz, y ya abalanzábase sobre Warner, presto a lograr el sack, cuando del cielo surgió un rayo de luz por entre las nubes, y escuchó Warner una voz que le decía así:

Y sucederá en los últimos tiempos,
que derramaré mi espíritu sobre todos los hombres.
Y obraré prodigios arriba en el cielo,
y milagros abajo en la tierra:
sangre, y fuego, y nubes de humo.
El sol se convertirá en tinieblas,
y la luna en sangre,
cuando llegue el día del Señor,
día grande y preclaro.
Y sucederá,
que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
Y por cierto, Warner,
cambia la jugada a carrera,
que te van a placar con la pelota y vas a perder doce yardas,
y no en vano estáis ya en tercera y siete,
oh imbécil.

Y ocurrió que Warner, así inspirado, cambió la jugada sobre la marcha y cedió el balón a la mano a Marshal Faulk; y dícese que Faulk, en recibiendo el balón, corrió muchas yardas antes de caer placado. Y que aun en cayendo, viose que había superado la línea de anotación, y que por ello a los Rams les fue concedido el touchdown. Y prodújose mucho alborozo en Saint Louis, y mucha zozobra y crujir de dientes en Tennessee. Y así ocurrió, que los Rams ganaron aquella Superbowl a los Titans.

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Blood Rage es uno de esos juegos de tablero al que reventar de éxito en un Kickstarter lo ha convertido en mejor producto, pero probablemente peor juego, de lo que sería si Cool Mini Or Not (empresa a la que no le falta precisamente la panoja como para tener que andar tirando de mecenazgos) lo hubiera editado a la manera tradicional. Pero claro, entonces probablemente Blood Rage tampoco habría alcanzado el eco mediático que lo ha colocado, de manera exageradísima, en el puesto número 4 de mejores temáticos de la historia según la web de referencia Boardgame Geek, cuyos rankings se han desnaturalizado en los últimos años hasta llegar a convertirse, como le escuché decir hace poco a un colega jugón, en “Los 40 Principales” de los juegos.

Blood Rage es un buen temático, probablemente esté a tiro de piedra de ser un gran temático, pero desde luego no es el cuarto mejor temático jamás publicado por el ser humano. No nos volvamos locos. Respiremos hondo. Tomémonos la molestia de jugar a Caos en el Viejo Mundo para descubrir una versión anterior y mucho más jugosa de Blood Rage, o de jugar a Cyclades y a Kemet para descubrir dos juegos de espíritu similar (esa mezcla entre ameritrash y eurogame a la que ahora se conoce como “eurotrash“) con un modelo de producto bastante más honesto, que te vende de salida un juego completo en lugar de una caja capada a la que tienes que completarle los componentes mediante la compra de micro-expansiones (llevamos toda la vida quejándonos del sistema de edición de Fantasy Flight, pero esto es aún peor).

De todo ello hablo en mayor o menor medida en el siguiente videotocho. También hago publicidad gratis de una novedosa marca de ginebra que me ha proporcionado numerosas noches de alegría, y me casco algunas ironías a costa de Código Secreto, el hipster-juego que, al parecer, ha vuelto a convertir en cool a los party games de adivinar palabras que llevamos jugando toda la puñetera vida:

Pamundi Music Awards/2015, Los 20 discazos (del 10 al 1)

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Los PAMUNDI MUSIC AWARDS/2015 tocan a su fin. Tras el primer post con Las 70 Tonadas y el segundo con Los 20 discazos (puestos 20 al 11), completo el asunto con este nuevo videotocho, en el que desvelo Los 20 mejores discazos del 2015, puestos 10 al 1. Igual pensábais que ya me lo habíais visto hacer todo en You Tube, pero desde mi perspectiva os aseguro que la cosa es aún peor, porque YO PENSABA QUE YA LO HABÍA HECHO TODO. Obviamente, me faltaba ponerme a bailar ante la cámara en calzoncillos…

Lo único que quisiera añadir a lo que ya digo en el videotocho es que me alegra especialmente que mis listas de este año, tanto la de discazos como la de tonadas, incluyan mucha más “música nueva” que las del 2014. Más de la mitad de mis veinte álbumes favoritos han sido firmados por artistas debutantes o a los que no había escuchado en mi puñetera vida. O sea, una eclosión de talentos que hasta ahora me eran ignotos. Esperemos que no se trate de un simple amago sino de un auténtico relevo generacional, que ya va tocando para superar ese “día de la marmota” en el que los carteles de los festivales de música se repiten de manera casi calcada cada dos ediciones. En el Primavera Sound de este año, por ejemplo, tienen tanda Tame Impala, Beach House y Animal Collective, y el que viene fijo que les vuelve a tocar la rifa a Arcade Fire, Panda Bear o Sharon Van Etten. Vas tres años seguidos y ya has visto a todo dios dos veces.

Pues eso, que hasta aquí he llegado, espero que el currele haya merecido la pena. Nos vemos (supongo) en los PAMUNDI MUSIC AWARDS 2016.

Adenda: para quien no tenga paciencia ni le importen los spoilers, aquí está la lista completa de los 20 mejores discazos. Eso sí, miraos igualmente el vídeo porque mis explicaciones no tienen preciorl…

20.  Hot DadTV
19.  Dominique AÉléor
18.  Hazte lapónNo son tu marido
17.  Chelsea WolfeAbyss
16.  EskimeauxOK
15.  ProtomartyrThe Agent Intellect
14.  Courtney BarnettSometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit
13.  BaronessPurple
12.  Jeff RosenstockWe Cool?
11.  Alabama ShakesSound & Color
10.  MiguelWildheart
  9.  Jazmine SullivanReality Show
  8.  Everything EverythingGet To Heaven
  7.  Viet CongViet Cong
  6.  Father John Misty I Love You, Honeybear
  5.  U.S. GirlsHalf Free
  4.  Kendrick LamarTo Pimp A Buterfly
  3.  Tobias Jesso Jr.Goon
  2.  Sufjan StevensCarrie & Lowell
  1.  Tame ImpalaCurrents

Pamundi Music Awards/2015, Los 20 discazos (del 20 al 11)

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Empieza lo bueno: el primero de los dos videotochos que van a componer el grueso de los PAMUNDI MUSIC AWARDS/2015. Tras un par de ediciones cascándome un resumen genérico de lo que me había parecido el año a nivel musical, en esta ocasión he preferido volver al viejo formato de mini-reseñar por separado cada uno de los 20 discazos de la lista. Vamos, la típica mierda en la que me meto pensando “esto te lo pules en un par de sentadas” y acabo completamente enterrado durante dos semanas, reescuchando decenas de veces cada álbum finalista para decidir en qué posición lo coloco (y lo mismo con la lista de Las 70 Tonadas, que he reordenado un número absurdo de veces), escribiendo un guión lo más coherente y conciso posible con lo que quiero decir (aunque luego, plantado ante la cámara, improvise a saco), grabando cachitos de vídeo a deshoras y dedicando más tiempo a montar todo el material acumulado (incluyendo meterle musiquillas, subtítulos y efectitos) que Coppola con Apocalypse Now

Mis medios de referencia a la hora de confeccionar estas listas y descubrir artistas/discos/temas nuevos han seguido siendo los habituales: las webs de Pitchfork, Consequence of Sound, Tiny Mix Tapes, Popmatters, Stereogum, Any Decent Music, Hipersónica o Jenesaispop, y las reseñas del “youtuber” Anthony Fantano en su fenomenal canal The Needle Drop. Este año he sudado bastante tanto de Rockdelux como de Mondo Sonoro. La verdad es que, con tanta y tan buena prensa musical como tenemos a distancia de una simple búsqueda de Google, da mucha pereza bajar al quiosco.

Y nada más por hoy. Os dejo con el vídeotocho correspondiente a Los mejores discazos del 2015, puestos 20 al 11. Veinticuatro minutos de CRITERIO, LOL y música altamente cojonuda:

 

 

Pamundi Music Awards/2015, Las 70 Tonadas

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En efecto, mis queridos semovientes, ya han llegado los PAMUNDI MUSIC AWARDS en su edición 2015 (ojo, que ya es la que suma nueve; el año que viene tendré que organizar una fiestuqui o algo que conmemore el décimo aniversario), tras unos meses de escuchas musicales en modo berserker que casi reducen a cero mi contador de cordura. Han sido doscientos ochenta y pico álbumes, la mayoría concentrados entre octubre del 2015 y enero del 2016. Se dice pronto.

Esta vez la cosa viene en formato de simpáticos videotochos, que podréis ver en los sucesivos posts de este mismo blog o en mi canal de You Tube. Los PAMUNDI MUSIC AWARDS/2015 van a tener un total de tres entradas de blog: esta primera con la lista de Las 70 Tonadas, una segunda entrada con el vídeotocho de Los 20 discazos (puestos del 20 al 11), y una tercera y última entrega con el videotocho correspondiente a Los 20 discazos (puestos del 10 al 1).

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Pues venga, aquí tenéis el asunto. Bajo estas líneas, jugoso enlace a la playlist de Spotify con Las 70 Tonadas del año, y algo más abajo el listado completo de las susodichas Tonadas, a fin de que podáis chafardearlo de una manera ordenada y profiláctica. Quien quiera verme bailar, cantar y hacer el imbécil por encima de mis posibilidades, que no se pierda los videotochos de Los 20 discazos.

 

70.  David HasselhoffTrue Survivor
69.  Of MontrealBassem Sabry
68.  Faith No MoreSuperhero
67.  Belle & SebastianThe Party Line
66.  FoalsWhat Went Down
65.  All DogsThat Kind of Girl
64.  ShamirCall It Off
63.  ToundraBelenos
62.  ProtomartyrThe Hermit
61.  GirlpoolCrowded Stranger
60.  SpectresSink
59.  The MaccabeesSpit It Out
58.  NovellerRubicon
57.  Alborotador GomasioLos Excesos de los Niños
56.  The WeekndCan’t Feel My Face
55.  Jazmine SullivanStupid Girl
54.  Beach SlangYoung & Alive
53.  La Bien QueridaOjalá Estuvieras Muerto
52.  DoldrumsHOTFOOT
51.  Fleur EastSax
50.  CHVRCHESLeave A Trace
49.  Emilio JoséXero (Cocaína)
48.  Floating PointsPeroration Six
47.  BaronessShock Me
46.  FKA twigsFigure 8
45.  TorresStrange Hellos
44.  GrimesRealiti
43.  Hazte lapónAmor bomba
42.  DILLY DALLYDesire
41.  Alabama ShakesMiss You
40.  Ellie GouldingKeep On Dancin’
39.  Everything EverythingRegret
38.  EskimeauxBroken Necks
37.  FERNANDO ALFAROVelero
36.  Downtown BoysWave Of History
35.  ChromaticsI Can Never Be Myself When You’re Around
34.  YACHTWar on Women
33.  The Suicide of Western CultureAmor de Madre
32.  Dawn RichardThe Deep
31.  Carly Rae JepsenRun Away With Me
30.  CuelloTrae Tu Cara y Decórala Bien
29.  Best CoastCalifornia Nights
28.  John CarpenterVortex
27.  Natalie PrassMy Baby Don’t Understand Me
26.  Panda BearSelfish Gene
25.  Father John MistyThe Ideal Husband
24.  Circuit Des YeuxDream Of TV
23.  Tobias Jesso Jr.Can’t Stop Thinking About You
22.  The Chemical BrothersGo
21.  Pablo Und DestruktionGanas de Arder
20.  Julia HolterSea Calls Me Home
19.  Janet JacksonGon’B Alright
18.  Courtney BarnettPedestrian at Best
17.  Father John MistyI Love You, Honeybear
16.  Chelsea WolfeDragged Out
15.  Jazmine SullivanStanley
14.  Viet CongContinental Shelf
13.  U.S. GirlsDamn That Valley
12.  Kendrick LamarKing Kunta
11.  Animal CollectiveFloriDada
10.  Jeff RosenstockNausea
9.    Missy Elliott (Feat. Pharrell Williams)WTF (Where They From)
8.    MiguelCoffee
7.    Beach HouseSpace Song
6.    Empress OfHow Do You Do It
5.    Dominique AÉléor
4.    Kendrick LamarThe Blacker the Berry
3.    Tame ImpalaLet It Happen
2.    Sufjan StevensShould Have Known Better
1.    Tobias Jesso Jr.How Could You Babe

15 películas para el 2015 (segunda parte)

Segundo (y último) videotocho dedicado a las mejores películas de estreno que he videado a lo largo del curso que acabamos de finiquitar. Vamos con el Top 10, que combina con primor las elecciones obvias (no sé de ninguna lista de “el mejor cine del 2015” de la que se haya escapado la salvaje ópera post-apocalíptica dirigida por George Miller), los hipsterismos arrebatados (ojo: a mí ya me gustaba Canino antes de que Giorgos Lanthimos se pusiera de moda) y algunas marcianadas que, si doce meses atrás me llegan a decir que estarían entre mis favoritas, no me lo hubiera creído (y lo de marcianadas es literal; ¿Alguien confiaba, a estas alturas, en que Ridley Scott protagonizaría la resurrección cinematográfica del año?).

En resumen: un año de cine cojonudísimo.

15 películas para el 2015 (primera parte)

Los meses de enero/febrero me chiflan, entre otras cosas porque me sirven como coartada perfecta para elaborar listas de “lo mejor y lo peor” del año que acaba de finiquitarse; y pocas cosas son más divertidas que hacer listas de “lo mejor y lo peor” del año. Sobre todo si te las tomas en serio, de manera exhaustiva, con un sentido ineludible de la responsabilidad. Porque ya se sabe que el único modo de dar relevancia a las cosas que no sirven para nada es llevarlas a cabo como si te fuera la vida en ello.

Así pues, aquí os traigo la primera parte (de dos) del videotocho en el que comento mi lista de las mejores y peores películas que he visto durante el 2015. Concretamente las 5 peores y las 15 mejores, tomando como referencia cualquier título que se haya estrenado en las salas comerciales españolas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2015 (con independencia de que en sus países de origen se estrenasen en una fecha anterior). Se quedan fuera, en una supuesta categoría “ni fu ni fa” cintas como Foxcatcher (no sé lo que está tratando de contarme, y la nariz postiza de Steve Carell me pone nervioso), Del revés (la encontré algo desaprovechada, un punto magufa, otro punto cateta y molestamente moralizante), Black Mass (si vas a copiar a Scorsese, cópialo bien joder) o The Assassin (morfológicamente preciosa, sí, pero no superó la prueba del culo). También se quedan fuera por los pelos, como hipotéticas “decimosextas mejores películas del 2015”, Ant-Man, Nightcrawler o 71, todas ellas muy meritorias. Pero claro, por algún lado tenía que cortar…

Baños de agua fría

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Pues mira tú por donde, al final resulta que los catalanes tenemos presidente de la Generalitat, un tal Puigdemont, al que nadie conoce pero que puede presumir de pelazo estilo muñeco de Playmobil, y al que los presentadores de telediarios madrileños (con su conocido talento para pronunciar lo catalán) no tardarán en rebautizar como “Punch The Monk” o algo similar. Así pues, por extensión también tenemos legislatura y tenemos al “procés” saliendo de la UVI. O sea, lo que viene a ser una canasta de tres puntos sobre la bocina. El LOL sigue su curso. Sin embargo, a mí ahora mismo me apetece hablar de otra cosa relacionada con el tema indepe. En realidad, lo que ocurre es que ya tenía este texto escrito desde el miércoles 7 de enero y no era cuestión de tirarlo, que son diecisiete mil putos caracteres; pero joder, los acontecimientos esta pasada semana han avanzado a tal ritmo que cada día me veía corrigiendo uno o dos párrafos que se habían quedado obsoletos. Por suerte parece que la shit-storm ya va amainando y pasará algo de tiempo antes de que mis reflexiones vuelvan a caducar (aunque las releo hoy, el día después de que se haya muerto David Bowie, y no estoy seguro de si tienen algún valor o si son una simple colección de cuñadismos banales). TOTAL, que de lo que me apetecía hablaros hoy es de la enésima decepción que me ha proporcionado la política. Me apetece hablaros de Antonio Baños.

Versión corta del asunto: otro que se ha largado en cuanto el viento arreciaba y cambiaba de trayectoria. En menos de medio año ha pasado de político revelación y soplo de aire fresco capaz de engorilar a muchos escépticos, a maestro del escaqueo y protagonista de un “epic fail” de lo más embarazoso, pues la veleta volvió a girar hacia la buena dirección justamente cuando él acababa de saltar la valla, pies para qué os quiero, y durante un par de días dio la sensación de que tenía intención de desdecirse y “desdimitir”, lo cual le hubiera llevado a alcanzar aún más altas cotas de bochorno. Gracias a que soy abstencionista de corazón (un rincón confortable al que siempre se puede volver) y escéptico por experiencia, los días de la marmota que se han ido sucediendo en el circo político catalán desde que tengo memoria me han curtido lo suficiente como para no llevarme sorpresas en ningún sentido, pase lo que pase. Sin embargo, reconozco que lo de Baños me ha jodido a fondo.

Me ha jodido porque escribió un libro estupendo, La rebelión catalana, que convenció a muchos (a mí mismo, casi casi), y porque es un tipo muy lúcido, muy simpático y muy cercano. Tan cercano, ¡ay!, que ha acabado resultando DEMASIADO parecido a nosotros los votantes rasos y, en vez de aspirar a la grandeza que se le exige a todo político con ideales de roca sólida, ha salido por patas al primer contratiempo, al primer revés. Vamos, que la defensa de las virtudes asamblearias le duró hasta que perdió la primera votación importante; entonces se enfurruñó y se fue. No sólo eso, sino que seis días más tarde, cuando de pronto la CUP (sin él) lograba llegar al acuerdo con Junts pel Sí, salio el chorbo y dijo que no, que lo de irse no iba bien-bien en serio y que, si sus ex-colegas cupaires le dejaban “rediputarse”, se quedaba. Vamos, cantamañanismo nivel Premium-Deluxe-Plus. Felizmente, al final ha reflexionado (o “le han reflexionado”) y mantiene que se va. Al menos me queda ese alivio.

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A ver, que posiblemente lo de hartarse y largarse es lo mismo que hubiéramos hecho vosotros o yo ante una situación negociadora que daba tanta pereza como el enroque “Mas Sí/Mas No” entre Junts pel Sí y la CUP. Pero escuchadme un momento esto que os voy a decir: a diferencia de vosotros o yo, Baños aceptó la responsabilidad de presentarse como cabeza electoral, asumir cargo de diputado y pelear sus ideas en el marco de un partido, repito, A-SAM-BLE-A-RIO. Igual lo hizo porque se pensaba que lo suyo iba a ser llegar a la política y sacar los tres símbolos de “Jackpot” con la primera moneda que le echara a la máquina. Un par de mesecitos de campaña, el 27-S el trámite de ir a votar, y el 28-S bien tempranito declarar la república catalana. Un futurible de máximos y de pasarse la legislatura haciendo cosas divertidas al que, claro, se hubiera apuntado cualquier indepe de pro. Es como cuando alguien monta una fiesta y te deja a ti elegir la música.

Pero no, resulta que hacer política de élite es una cosa espesa, lenta y complicada. Una cosa de arremangarse, remar hasta que te duelen los brazos y discutir hasta quedarte ronco. A ratos el arte de lo posible, las más de las veces el arte de lo menos chorra. Leí el otro día en un artículo de opinión que en la política española y catalana suele ganar aquel que demuestra mayor capacidad de aguante. En España tenemos ahorita mismo el ejemplo de Marianico Rajoy, quien parece estar convencido de que le va a valer con hacer la estatua mientras el PSOE se auto-despelleja ante sus ojos; y en Catalunya está Artur Mas, quien a base de cabezonería y buen gusto en las corbatas ha logrado postularse casi hasta la tanda de penaltis como única opción presidenciable (algunos fanboys con la oxitocina por las nubes incluso le llaman “King Arthur”), mientras a su alrededor todo el arco parlamentario catalán post-electoral iba siendo paulatinamente hecho puré en el túrmix del proceso; y espérate, porque aunque ahora le hayan obligado a sentarse en el banquillo, diría que estamos lejísimos de haber presenciado su último pase mágico en primera línea de la gestión pública, pese a las voluntariosas declaraciones de la CUP en el sentido de haberlo “tirado a la papelera de la historia”. Sí hombre sí, ya les gustaría. Artur Mas se va a pasar el próximo año y medio regenerando Convergencia mientras dirige el “full de ruta” desde la sombra (las redes sociales ya van llenas de montajes que lo presentan como el ventrílocuo de Carles Puigdemont), y en cuanto se le presente la ocasión volveremos a tenerlo dando por saco (veremos, para entonces, donde para Anna Gabriel por ejemplo), como esos villanos recurrentes a los que no hay manera de liquidar. Como Moriarty, El Joker o Jose Mourinho. Maestro.

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Antonio Baños nunca tuvo ni ese mismo talento para el dontancredismo ni la ambición propia de un agarra-poltronas profesional. La política no era su forma “natural” de vida, su recorrido por esa senda se limitaba a picar piedra para crear un estado catalán. Por eso, tras cinco meses mitineando, concediendo entrevistas y manteniéndose, según sus propias palabras, “atornillado a la mesa de negociaciones” (qué hijas de puta, las hemerotecas…), de repente un lunes resultó que, uf, todo aquello le parecía mucho esfuerzo y mucho lío. Massa feina. Había perdido la energía y el interés. La cosa ya no tenía gracia, así que mejor se piraba.

Y decidió pirarse con una serie de argumentos (transmitidos en un comunicado, y en entrevistas diversas desde entonces) la mar de humanos, la mar de comprensibles si nos ponemos en la piel de alguien que no es “núcleo duro” de la CUP y que, por lo tanto, no tiene por qué tragar con ideales de partido que no le encajan. Pero también fueron una serie de argumentos llenos de contradicciones dificilmente defendibles, por mucha floritura dialéctica que se les echase. La cosa, cuando le quitas todo el aire que sobra y te ciñes a los hechos, se reduce a que Antonio Baños se pasó toda la campaña electoral de las plebiscitarias catalanas lanzando sentencias como “No votaremos nunca una investidura de Mas. Y nunca es nunca. Nunca, nunca y nunca.”, y luego va y se larga porque las bases de la CUP… le han hecho caso. Ya tiene huevos el asunto. El tipo nos pedía el voto diciendo una cosa, mientras para sus adentros pensaba la contraria. O sea, al final resulta que sí que se le han pegado cosas de los políticos profesionales. Como mínimo la falta de coherencia y la capacidad para trolear al personal con una sonrisa en los labios.

¿Os acordáis del mítico clímax de la peli Sin Perdón?: William Munny (Clint Eastwood), le descerraja un tiro a bocajarro al dueño del bareto en el que exhiben como un trofeo el cadáver de su colega Ned Logan (Morgan Freeman), y cuando el sheriff Little Billy (Gene Hackman) le acusa de haber matado a un hombre desarmado, Munny contesta “Pues debió haberse armado cuando decidió decorar su saloon con mi amigo”. Un momento, que os lo pongo:

Eso es, Baños. Exactamente eso. Antes de meterte en camisas de once varas, quizás debiste haber prestado más atención a la letra pequeña que decía que la CUP es una formación en la que las resoluciones se toman en horizontal (me refiero a que todos sus miembros lo votan todo, no a que decidan las cosas mientras duermen o follan), y que tu labor principal iba a ser defender esas resoluciones. Defenderlas, no dejar al partido con el culo al aire ante el presumible panorama de una legislatura muerta antes de empezar y unas amargas elecciones anticipadas en el horizonte (aunque luego no haya sido así). En el fondo, lo que le ha pasado a Antonio Baños es lo que le ocurre a cualquier cabeza visible de una organización como la CUP, inflexiblemente antisistema y confeccionada a partir de una serie de líneas rojas innegociables: LA IDEA está por encima de los individuos, y a la que uno de esos individuos flaquea, dejando entrever que no está al cien por cien por defender LA IDEA, adios muy buenas. O te vas, o te acabarán echando. La única diferencia en el caso de Antonio Baños ha sido el exceso de melodrama que ha tenido tot plegat.

Pero que no me malinterprete nadie: lo que me toca las narices de Baños no es el hecho
en sí de que se pirase (que era libre de hacerlo, nada más faltaría), sino la dolorosa constatación de que no tiró la toalla marginado, ninguneado ni incapaz de hacer oir su voz. Tiró la toalla tras haber logrado convencer de su postura a LA MITAD de la CUP, y de perder la votación final por un voto. POR-UN-PUTO-VOTO. Joder, tío, quédate y pelea. Debate, defiende tus convicciones desde la minoría. Sigue negociando hasta el último minuto del último día (eso hicieron sus colegas de partido, y mira si no se han acabado llevando el gato al agua). Haz-jodida-política. Su decisión de marcharse sonó a caprichosa, a tomar la vía fácil. Se había comprado un perro y luego había descubierto que los perros son un engorro porque comen, cagan y hay que sacarlos a pasear cada día, así que lo abandonó en una cuneta y a otra cosa. Tal día hará un año. Mal.

Cinco meses repitiendo sin fisuras el “mensaje oficial cupero” y de repente cambia el paso y nos sale con que él es un independiente que quería romper con España YA MISMO o nada. Visto lo visto, hay que concluir que sólo le interesaba salir en la foto de la secesión-express en dieciocho meses, y no se planteaba trabajar de cara a un plazo más largo que eso. Si comparo su actitud con la de Oriol Junqueras, otro político no profesional que ha aguantado el tipo a lo largo de años de bregar en situaciones complicadísimas, me parece que no hay color. Baños no ha sido honesto ni coherente. Quizás lo haya sido de tripas para adentro o con su círculo de amigos más privado, pero sinceramente me importa un comino, porque no es eso lo que ha transmitido a los electores; y como los electores carecemos de percepción extrasensorial, a la hora de decidir si votarle nos hemos tenido que ceñir a lo que decía, no a tratar de interpretar lo que no decía.

Baños se marchó, eso sí que se le notaba, con sensación de culpabilidad, de “tierra trágame”, de saberse poco legitimado para hacer lo que estaba haciendo. Cortó con la CUP como quien corta con su pareja, haciendo mucho la pelota con frases floridas y usando razonamientos estilo “No eres tú, soy yo” para evitar el enfrentamiento, minimizar los llantos y salir corriendo a toda leche. “No podem renunciar, mai“, afirmaba mientras tomaba carrerilla (lo dijo en una radio, al día siguiente de su dimisión). Hay que tenerlos como bombonas de butano.

La decepción ha venido por Baños, sí, pero el error político cae sin duda del lado de la CUP. Buscar un candidato mediático e “indie”, un intelectual converso al independentismo y la izquierda revolucionaria con amplios conocimientos en política y economía, pareció una estupenda idea a corto plazo. Desde luego les dio visibilidad durante la campaña, estuvo fantástico en los debates electorales y seguro que su estrecha vinculación con la plataforma Súmate ayudó a rascar votos que de otra manera se hubieran ido hacia los podemitas o los esquerranos. Sin embargo, en la media distancia la cosa no ha funcionado tan bien. Ignoro qué moto sin ruedas le vendieron Anna Gabriel and Co. para convencerle de que encabezará su candidatura, pero es evidente que, o no se supieron explicar, o él no supo medir el alcance de los compromisos que estaba contrayendo.

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Lo irónico del caso es que al final haya habido pacto in-extremis y tengamos legislatura, aunque ya veremos si aguanta el año y medio prometido o salta antes por los aires (porque, aunque Artur Mas se haya esforzado en garantizarnos que el gobierno tendrá estabilidad, realmente pinta a que va a sufrir un Vietnam político, con fosos de estacas punji detrás de cada esquina). Eso, unido a que la contrapartida al acuerdo haya sido obligar a dimitir a los diputados rebeldes de la CUP e integrar en Junts pel Sí a dos de los afines a Mas, hace todavía más estéril y ridículo (si cabe) el precipitado ataque de estupendismo de Baños. Máxime si tenemos en cuenta que, al formar parte del grupo de los que estaban muy fuerte por el pacto, lo más probable es que Antonio hubiera podido quedarse y acabar haciendo lo que había venido a hacer.

La CUP una vez más ha estado a la altura, ha soportado con estoicidad el linchamiento mediático (ni un medio informativo catalán poniéndose en su pellejo, y los twiteros pro JxS cayendo en el mismo nivel de insultos que luego se le suele criticar a la caverna mediática mesetaria), y ha accedido a la “lex talionis” a mala baba que le exigían los vampiros de CDC. Porque lo fundamental para la CUP era lograr objetivos políticos a gran escala, lo importante era el bien común (luego se podrá entrar a discutir si se está o no de acuerdo con la visión cupaire del bien común), aunque eso supusiera inmolarse en el proceso y sacrificar buena parte de lo conseguido en las urnas, prometiendo quedarse calladitos de ahora en adelante y no dar la tabarra antisistema. Baños, en cambio, ha estado a lo que más le convenía a él, y punto. Si quería dimitir (que, ya digo, era muy libre de hacerlo), debería haber demostrado un poquito más de cabeza y de entrañas, y haberse esperado hasta el lunes 11 de enero, hasta consumir todos los plazos de negociación para la investidura en vez de abandonar a sus compañeros en la que, quizás, haya sido la semana más tensa y jodida de toda la existencia del partido; y lo que desde luego no debería haber hecho es sugerir, seis días más tarde (al ver que el tsunami ya había pasado y que la CUP había logrado la machada cuasi-imposible de investir a un presidente que no fuese Artur Mas), que si le dejaban jugar otra vez a la pelotita con ellos, él estaba dispuesto a volver. Con ese último gesto, Baños pasó directamente de decepcionarme a producirme, incluso, un poquito de vergüenza ajena.

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Me congratulo de que al final haya optado por aquello de “a lo hecho, pecho” y mantenga la decisión de irse, ya sea cosa suya o forzado por la CUP para purgar su espantada. Porque la verdad, muchos no hubiéramos entendido qué puñetero valor político ni qué fiabilidad tiene un cabeza de lista que se larga cuando la asamblea le lleva la contraria y que se reincorpora cuando le sale de los santos cojones. La CUP hubiera tenido que darme unas explicaciones fenomenales para evitar que me desconectase por completo de ellos y del “procés”. En cierto modo hubiese sido gracioso, porque Baños fue quien me sacó del abstencionismo y Baños sería también quien me devolvería allí. “Coming full circle”.

Al menos es de esperar que todo este paripé le habrá servido a Baños para aumentar caché. Podrá volver al hábitat en el que le conocimos (las pizarras sobre economía en La Sexta Noche) siendo un personaje mucho más popular de lo que era. La prensa catalana se lo rifará como columnista (y con razón, porque escribe de coña). Sus chispazos de ironía y frases ocurrentes (ahí quedan términos como “demofobia” o su comparación entre el estado español y la Estrella de la Muerte) encontrarán buen acomodo en las tertulias de Catalunya Radio o RAC1. Sus libros mantendrán el incremento de ventas experimentado desde que se convirtió en una cara parodiable en el programa de TV3 Polònia. Incluso puede que la fama le alcance para resucitar a Los Carradine y grabar un nuevo álbum comentando la jugada. Me alegraré por él, porque me gusta que le vaya bien a la gente con talento; y él tiene un huevo de talento. Sin embargo, no sé si sus nuevas aventuras mediáticas serán un espectáculo que me tenga como testigo, sinceramente. Estoy dolido, así que de momento lo único que me sale de dentro es mostrar indiferencia por lo que decida hacer a partir de ahora (una indiferencia “tranquila”, eso sí). Porque este bache del camino, este “me voy cuando llueven las hostias/vuelvo cuando suenan los aplausos”, me ha escacharrado una pieza básica de la furgoneta ideológica con la que yo estaba barruntando si apuntarme o no a eso de ir lentos para llegar lejos; y es una avería de reparación un tanto complicada: ya no me creo a Antonio Baños.

Me sigo creyendo a la CUP, eso sí. De momento.

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Esta SÍ es la secuela que buscáis

Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza ya está entre nosotros. Por séptima vez en nuestras vidas vemos una nueva película de la mejor saga de aventuras que ha dado la historia del cine. Por séptima vez nos zambullimos en una zona inexplorada de esa galaxia tan, tan lejana. Por séptima vez vemos brillar sables láser en la oscuridad. Por séptima vez escuchamos el sonido imposible de naves explotando en el espacio y el pecho nos bate con la fanfarria inmortal de John Williams. En esta ocasión, además, resulta que la película que nos ocupa es CO-JO-NU-DA, lo cual supone un acontecimiento que no se recordaba en la franquicia desde 1983 (o sea, desde de El retorno del Jedi).

Por desgracia, el lado oscuro siempre acecha a la vuelta de la esquina y, esta vez, parece haber corrompido las mentes y los corazones de unos cuantos fans fundamentalistas y morning-singers de distinto pelaje. ¿El gran pecado de esta séptima entrega? Que repite los mismos esquemas de La guerra de las galaxias. Ya ves tú qué cosa, como si no llevásemos a cuestas 25 películas de James Bond calcaditas unas de otras, o como si todas las novelas de espada y brujería no fuesen básicamente variaciones de lo mismo (aparte de que, camufladas en esa plotline básica que ahonda en los lugares comunes a fin de recuperar a unos fans malheridos tras el tostón de los episodios I, II y III, hay las suficientes novedades y sorpresas estimulantes como para hacer relamerse de gusto al mismísimo sarlacc).

TOTAL, que a fin de paliar el ataque de tontería que parece haberles entrado a algunos, no me ha quedado más remedio que disfrazarme de mujer y grabar el siguiente videotocho defendiendo “El Evangelio galáctico según San J.J. Abrams” (sí, bueno, lo de disfrazarme de mujer igual no era necesario, ya lo sé… pero todo suma, todo suma):

Una flota estelar en el bolsillo

Star Realms es un juego de cartas de hostiazos entre armadas galácticas, que apareció en el año 2013 vía campaña de Kickstarter y se pasó todo el 2014 acumulando premios (ya sólo en los Golden Geek Awards se llevó cuatro: mejor juego para dos jugadores, mejor juego de cartas, mejor juego indie y mejor juego de móvil/tablet). Es rápido, sencillote, adictivo y bastante modular (expansiones de quita y pon y modalidades de juego en solitario o por equipos). Pero sobre todo es barato. No encontrarás en tu tienda habitual otro producto al que le puedas sacar tantas timbas con una inversión inicial de sólo 15€. Ahora bien, ¿si dejamos de lado el hype, que tipo de juego tenemos entre manos? ¿Merece la pena gastarse esos 15€ en comprarlo, o sería más sabio guardárselos para hacer que otro juego mejor que Star Realms te salga 15€ más barato? ¿Y quien es el tío del anorak que se ha colado en el trastero de Chema Pamundi? Encontrarás las respuestas a estas preguntas, mas algunos de los peores trucajes de efectos especiales que hayas visto en tu puta vida (todo ello con una calidad de imagen lastimosa), en el siguiente videotochorl: